jueves, 19 de febrero de 2015

EL INVIERNO EN CASA ENCANTADA

Me asomo a la ventana y el gris se cuelga de mi retina castigada por la luz del ordenador. Las escorias de minas casi azulean bajo el plomizo cielo en compentencia; color inexistente, neutro alterado por las emociones. Dicen, que las emociones se echan fuera cerrando una ventana, cierro la mía. Regreso al fondo de la habitación nívea, abro el armario y me coloco ropa de abrigo en color bruma, a juego con el día. Camino por el campo escuchando cómo bajo mis pies la hierba cruje, sobre los pastos el hielo ha tejido encajes de formas caprichosas que al contacto con mi aliento se desdibuja y licua. Vaya..., prefería el traje de filigrana a las lágrimas cálidas. 
Ateridos, los pájaros han callado en su canto, sólo el viento se atreve a levantar la voz en el paisaje vaporoso de Casa Encantada. Las imágenes son grises, como el cuello de los palomos, como las panzas de ciertas  nubes, como el ánimo de los legionarios de Roma a las puertas de Numancia, como el alma de algunas personas que una vez atravesadas por el odio, sólo vomitan maldad en cualquiera de sus variedades. Prefiero el alma limpia de mis preciosas sobrinas porque su color es el de los pétalos de flor en Primavera, como sus mejillas en verano, como su sonrisa limpia todos los días del año. Las quiero tanto...
El sol tiene miedo esta tarde, no se atreve a abandonar el regazo gaseoso que lo contiene. Me detengo, millones de perlitas milimétricas se posan en mis cabellos, es como si del cielo bajasen cristales diminutos que enredados en las gentes y las cosas ponen brillo a la monocromía reinante. Me pregunto si la princesa aguantará en pie muchos más inviernos.
En esta casa puede verse el discurrir del agua por los arroyos, baja borboteando camino a ninguna parte. Antes, cuando este lugar estaba rodeado de vida, las aguas tenían un trayecto y el pueblo perdido en las dobleces del tiempo y la memoria, recogía su fluir para darle vida. Ya nada queda del pueblo de los abuelos, sólo anécdotas que pasan de boca en boca destino al corazón de quien quiera oírlas. Se regalan sonrisas.
Debería volver, a lo lejos las luces se ven difuminadas, son como globos amarillos que temblorosos se suspenden en la neblina. Fantasmas de luz ambarina en medio de las calles.
Adiós Casa Encantada, hasta mañana. Tal vez esta noche o mañana por la noche, Dios te corone de nieve y cubra así tu cabello ralo y destartalado. Bonito tocado para una princesa de siglos.
Brumas celtas en el sur de España, cambian los tiempos pero no la esencia.

2 comentarios:

  1. Bonito pasaje, Pepa. Paraliza el tiempo, calma el alma con su meláncolía, alejándola del estres de esta rápida vida cotidiana que nos vemos obligados a llevar.
    ¡Hasta la próxima parada en Villa Encantada!

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  2. ¡¡¡Hola primor!!!! ¡Me has pillado preparando una entrada muy especial! Creo que conoces al chico que nos visita hoy en casa, siéntate haber qué te parece.
    Un abrazo!!!

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