lunes, 18 de octubre de 2010

NOS VAMOS A LA ÓPERA. Hoy, Tosca de Puccini


Hay una sensación extraña en la casa, como si estuviese sola en ella, un tanto desangelada y vacía. He pensado que tal vez os guste reunirnos para la ópera ¿Qué os parece?
Sé que me seguís pero hace tiempo que no os veo y necesitaría la cercanía de vuestras palabras, algo que me haga sentir acompañada en este viejo caserón de principios del XX.
Aunque hace un poco de frío, ha salido un día espléndido, los pájaros cantan desde horas tempranas y el sol emite una luz maravillosa. Es ese sol y ese cielo de otoño tan limpio y esplendente que se escurre entre unos ojos que buscan a toda costa la belleza.
He invitado a las chicas de mi otro blog a que vengan a casa, me gustaría que se aficionaran a las tertulias sobre nuestros libros, películas, personajes históricos, etc. Hoy he decidido abrir una nueva etapa en el blog: LA ÓPERA. Para empezar, mejor con Puccini, creo que sus obras son capaces de captar hasta al más reacio.
Los fragmentos que vamos a ver hoy pertenecen a Tosca, una ópera entres actos que se estrenó con bastante éxito en Roma, el 14 de enero de 1900. Paso a exponer la sinópsis para que nadie se nos pierda. (Sinópsis extraida de http://www.operamania.com/)

Acto I

Iglesia Sant'Andrea de la Valle

Angelotti, huido de la prisión estatal en el Castillo de Sant'Angelo, llega a la iglesia donde su hermana, la marquesa Attavanti, ha dejado unas prendas para poder disfrazarse y esconderse de los esbirros del barón Scarpia ("Ah, Finalmente"). Tras un breve monólogo del sacristán ("E sempre lava!"), llega el primer gran momento de la ópera: el aria de tenor "Recóndita armonia", una bellísima pieza donde Mario Cavaradossi, el pintor y amante de Tosca, canta a la belleza morena de su amada en contraposición de la "Maddalena" rubia de ojos azules que está pintando. El sacristán marcha de la iglesia y deja sólo al pintor ante el cuadro cuando un ruido en la capilla de los Atavanti le interrumpe ("Gente là dentro"). Angelotti reconoce a Cavaradossi y éste, a duras penas, también lo hace. La llegada de Floria Tosca, cantante famosa, no permite que se pueda resolver la dura situación con lo que Cavaradossi le pide que se oculte y le entrega, mientras tanto, una cesta para que se recupere. Estamos ante un dúo, el de Tosca y Mario, en el que se nos presenta varias cuestiones de importancia para el posterior desarrollo de esta ópera: la devoción de Tosca por lo sagrado pero también la personalidad celosa de la cantante al ver el cuadro de la Virgen que pinta su amante. Tosca, después de entregar un ramo de flores a la Virgen, evoca la casita donde ambos comparten su amor ("Non la sospiri la nostra casetta... "), en un bello aria donde describe los pequeños placeres. El momento de pasión se corta cuando Cavaradossi le pide que se retire para que él pueda seguir trabajando. Tosca ve el cuadro y reconoce a la mujer y piensa que él la traiciona. En ese momento es cuando Cavaradossi se nos muestra en esa faceta amorosa con el "Quale occhio al mondo..." igual de extraordinario que la anterior intervención de su amante. Al final, el pintor logra que ella, rogándole que le "pinte los ojos negros", marche. Una vez que Tosca sale del templo, Cavaradossi acude a la capilla y trata un plan con Angelotti para ocultarlo de Scarpia hasta que un cañonazo lejano les avisa de que se ha descubierto la fuga. En la conversación, Angelotti revela que su hermana, que ha identificado en el cuadro, le está ayudando para librarse del malvado Scarpia, jefe de la policía. Una breve escena en el que el sacristán comenta a los chicos que cantan en el coro, tanto la derrota de Bonaparte como la fiesta que se celebra en el Palacio Farnesio en esa misma noche, llenan de júbilo la iglesia. La irrupción por sorpresa de Scarpia ("Un tal baccano in chiesa") paraliza al sacristán y a los chicos del coro. El barón interroga al sacristán en busca de la capilla Attavanti, donde sospecha que se esconde el preso. Un cesto vacío y un abanico bastan a Scarpia para entender lo sucedido. Tosca vuelve en ese instante y se encuentra que Cavaradossi no está. Es el momento preciso para que el barón envuelva a Tosca en un halo de celos entorno al pintor y la marquesa Attavanti, aprovechando para ello el abanico encontrado en la capilla. Tosca sale agitada por la supuesta traición. Con una excelente orquestación, Puccini logra rodear la tensión ("Tre sbirri,una carrozza") y las malévolas intenciones de Scarpia con la brillante y solemne ejecución del Te Deum.

Acto II

Palacio Farnesio. Despacho del barón Scarpia.

El barón está a la espera de lo que resulte de la investigación de sus esbirros a la caza de Angelotti. En su interior desea tomar a Tosca (Hà più forte "sapore"). Spoletta entra en el despacho e informa que no ha encontrado al prófugo pero que ha traído arrestado a Cavaradossi. El interrogatorio es de gran violencia, sólo atenuada por la voz de Tosca que canta en la explanada enfrente del palacio. La aparición de Tosca en el despacho, lleva a Scarpia a iniciar la tortura a Cavaradossi en una sala aparte pero no muy alejada para que la cantante pueda escuchar los gritos de dolor de su amado. En un momento, Scarpia quiere mostrar una cara más humana pero ella no revela nada. Cuando el barón le revela la terrible situación de su amado, ella se desmorona e intenta pedirle a Mario, que sigue sufriendo martirio, que le permita hablar pero él no quiere. Los gritos de Cavaradossi van "in crescendo" y ella susurra "Nel pozzo, nel giardino" (en el pozo del jardín) y frena inconscientemente el suplicio de su amado. Los torturadores llevan a Mario, desvanecido, hasta la habitación donde está Tosca, que trata de recuperarlo. En el instante en que recupera la consciencia, Scarpia ordena a sus secuaces ir a la finca en busca de Angelotti, allí donde ha dicho Tosca, ante el enojo de Mario. Un mensajero avisa de un triunfo de Napoleón, lo que hace que Cavaradossi estalle en júbilo a la cara del barón (Vittoria!,Vittoria!) que, directamente, hace un gesto para que se lo lleven. Tosca le pide, entonces, que salve a su amado pero el barón no está por la labor. Cuando ella le pregunta por el precio por el que salvar a Mario, Scarpia le revela sus aviesas intenciones ("Se la giurata fede") de tenerla, por la fuerza. Ella, tras no querer ser abusada en un primer momento, agacha la cabeza ante el seguro fin de su amado y lamenta que su fe, todo cuanto hizo no sirviera nada (Vissi d'arte,vissi d'amore) en un aria de las que llegan hasta lo más profundo y que acaban cautivando. Spoletta entra en el despacho para anunciar que Angelotti se ha suicidado. Scarpia aprovecha para preguntar si está preparado todo para la ejecución del pintor, a lo que Spoletta asiente. A la pregunta del barón a Tosca sobre si acepta estar con él, ella acepta resignada por tal de salvar la vida de Mario. Scarpia accede a salvarlo pero le confirma que debe pasar previamente por una muerte fingida... que realmente no es así: la orden que da a Spoletta es que Cavaradossi será ejecutado de forma simulada "como hicimos con el conde Palmieri", indicación que nos deja claro que es una orden falsa. Antes de poder abrazarla, ella pide un salvoconducto para huir. Mientras que él lo escribe ella coge un poco de agua y ve el cuchillo salvador que, poco después, clava en el pecho del barón mientras grita indignada ("Questo è il bacio di Tosca"... Este es el beso de Tosca). Entre gritos desesperados, muere Scarpia. Tosca coloca dos velas en cada lado del cadavery un pequeño crucifijo sobre el pecho y sale del Palacio

Acto III

Castillo San'Angelo

Aparte de una curiosa intervención de un pastorcillo en escena ("Io de'sospiri" Yo de tus suspiros), el verdadero acto empieza con cierta melodía que nos anticipará al aria de Mario Cavaradossi. El carcelero, tras ciertas reticencias, accede a que el preso escriba unas líneas para su amada Tosca; lo que sale de ahí es ese "E lucevan le stelle", de gran intensidad en cada nota hasta conmover al oyente/espectador a medida que llega al final del aria. Tosca llega en ese momento, mostrándole el salvoconducto y la libertad. Cavaradossi se muestra sorprendido por esa gracia tan rara en un ser tan malvado como el barón. Tosca le narra los hechos dolorosos que ha pasado hasta llegar hasta allí ("Il tuo sangue o il mio"... "Él quería tu sangre o mi vida") y como mató a Scarpia. Es un pequeño dúo que se disfruta, porque es la vida renacida la que se siente: de ser condenado a muerte a salir libre y eso se traduce en una especie de optimismo, quizás extraño ("O dolci mani"....oh dulces manos). Ella le indica que primero tendrá que pasar por una ejecución con "armas descargadas" y, posteriormente, saldrán del Estado. El dúo continúa con ese optimismo que indicaba previamente y que se concreta, primero con el "Amaro sol per te m'era il morire"(Cavaradossi) -Amor que seppe a te(Tosca), y segundo con ese "Trionfal di nuova speme" que ambos cantan al mismo tiempo. El carcelero anuncia que ha llegado la hora de la ejecución mientras Tosca le indica lo que debe de hacer. Ha llegado el momento de la ejecución y Tosca no se siente cómoda (Com'è lunga la attesa!...¡qué larga la espera!). Una vez que han disparado y se han marchado los soldados, ella le dice que se levante... hasta que descubre que Mario sí ha muerto. Cuando ella se muestra desesperada, llegan Spoletta y los suyos persiguiéndola por haber asesinado al barón. Ella se dirige hacia el borde del castillo y, ante el intento de detenerla, se tira al vacío.

"E lucevan le stelle" ária maravillosa cantada por uno de los mejores, personalmente, el fragmento que más me gusta y el que por descontado emociona a todo el mundo. Espero que hayáis disfrutado de esta tarde de ópera y que os quedéis un ratito paseando por el jardín en mi compañía, prometo ser la mejor anfitriona.

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