miércoles, 4 de mayo de 2016

Serenidad sin horas.

En la serenidad del campo donde las horas no importan.
Es esta casa el molde de mi alma, sus silencios mis recuerdos y su luz el que me falta. Aquí los problemas pierden su enormidad porque la tranquilidad hace que cambies la perspectiva, nunca es imposible aquí.
Las palabras hacen cola para tomar mi inventiva mientras los pájaros cantan, entran y salen por la enorme chimenea del salón. Sin miedo, sin vergüenza, conquistan cada una de las estancias con sus locos bailes aéreos mientras mi corazón percusiona al ritmo de sus alas. A veces les sigo al exterior donde se prenden a la sábana celeste como preciosos bordados. Los pájaros dibujan música mientras vuelan, por eso me gustan.
Escribir en este lugar es un privilegio, es fácil, tal vez por ello carece de mérito cualquier cosa que aquí se construya con palabras. Dejarlas caer para empezar de nuevo me divierte, me convierte en resucitadora de historias.
En esta casa el tiempo ha perdido la batalla, no existen prisas, no hay que ir, ni debería, ni tengo que. Cronos no cuenta, no quema, no pasa, no importa. El pragmatismo también dejó sus razones en la puerta, porque aquí no hay que ser útil, aquí, sólo se puede ser feliz.

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