martes, 24 de mayo de 2016

Al paisano que no está


He encontrado en el campo una carpeta con algunas cosas escritas por mí hace mucho tiempo, esta en concreto es de 30 de julio de 1994. Recuerdo que este texto lo escribí en el reverso de una foto del Peñón y lo envié a un amigo que en ese momento estaba muy lejos. He respetado la redacción de entonces, probablemente hoy lo habría escrito con otras palabras, quien sabe.

"Tal vez a estas horas sobre tu ciudad caiga un sol de justicia, aquí está lloviendo. Es uno de esos días en los que el alma se vuelve melancólica, un día en el que te asomas a una ventana y el espíritu vuela con el ansia perdurable de lo infinito. Días que en lugar de ver un trozo de tierra húmeda por la lluvia, miras y descubres una tierra de vida intensa y profunda, un Peñón severo que se proyecta hasta el cielo azul y perenne. 
Cierra los ojos e imagina que vuelves de esos campos con la memoria llena de tierra fértil y arroyos frescos. Deja vagar tu alma en nuestra naturaleza, lentamente irá en procesión entre los inacabables matorrales acariciados por la espaciada y uniforme lluvia. Ahora, nuestro pueblo no descansa al sol, sino al inusitado frescor de una tormenta en blanco y negro. Es un paisaje de campo infinito, de pueblo, de tierra absoluta..., de Dios. Esta inmensidad no es producto de visiones de dramática emoción, es la inhóspita personalidad de nuestro Peñón. Paisaje de pardas encinas, de rocas bajo la húmeda penumbra de esta lluvia de verano. 
En mis pupilas alucinadas por la tormenta se graba un campo elevado sobre los hombres que pasan, un campo que sueña con un secreto reposo tras el combate con las aguas. 
Inmensa quietud la de nuestro paisaje en esta tarde dulce, serena y delicada, en esta tarde en la que el corazón se convierte en los ojos contemplativos de la muda tierra y los delgados árboles. 
El silencio que planea se infiltra y expande entre el pueblo. El horizonte negruzco, el viento que ruge..., todo parece advertir la llegada del otoño, un otoño que te traerá a ti de su mano. 
Cierra los ojos, así el recuerdo del Peñón adquirirá vida, imagínate una gran mancha grisácea jaspeada de vetas verduscas, imagina las redondas rocas adelgazadas por la distancia, imagina su oscura gravedad bajo un cielo rojizo. Cierra los ojos y... Vuelve.
Bajo licencia SafeCreative.

La foto es de mi amigo Julián Moyano.

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