jueves, 23 de marzo de 2017

Los mundos de Marta Stella. Capítulo 1

Marta Stella es una niña pintora, tiene una característica especial que la hace diferente a las demás y es que sus pinceles son mágicos. Acompañada siempre de su gatita Josefina, dibuja mundos en los que se sumerge para encontrar inspiración y aprender de aquellos que los habitan.
Una tarde, Marta y Josefina estaban en el mar, la niña pintaba olas serenas que jugaban a acariciar sus pies descalzos mientras Josefina correteaba tras ellas cuando se retiraban. De repente, a la pintora se le ocurrió una idea.



- Josefina, ¿y si pinto un barquito y nos vamos a pasear? Llevamos un buen rato aquí y no sucede nada así que si las aventuras no vienen a nosotras, iremos nosotras a por ellas.

La gatita giró la cabeza en señal de asentimiento y enseguida, la niña tomó sus pinceles y comenzó a pintar un precioso barco. El mar era para ella un lugar especial y en los amaneceres de espumas, solía bailar sobre las olas con unas hermosas zapatillas de ballet que su mamá le había regalado. Jamás iba sin ellas al mar porque en cualquier momento, podía sonar la melodía.
Cuando terminó el cuadro, llamó a Josefina, se calzó sus balerinas rosas y subieron a bordo del velero al que bautizó como Alfred I, por el director de cine Alfred Hitchcock del que tanto oía hablar a sus papás.
La travesía fue apacible, como había creado un mar sereno con nubes y viento favorable, el paisaje era tranquilizador así que las amigas se durmieron sin darse cuenta. Cuando despertaron habían llegado a una playa preciosa que Marta no había pintado pero que estaba en algún lugar de su memoria. ¿Cómo era posible? Lo era, porque la había creado en su imaginación.

Desembarcaron y a sus oídos llegó una música familiar, era una melodía que le gustaba especialmente y reconoció enseguida.

- Josefina, ¿oyes? Está sonando Tannhäuser, de Wagner. Qué maravilla escucharla al borde la playa, ¿no crees? Oh..,, ¡es preciosa y muy romántica! Tú serás una sirena y yo una náyade y bailaremos en torno al caballero triste.

La pintora tomó en brazos a su gatita y se puso a danzar con tal entusiasmo que no se percató de la presencia de un espectador más que especial.


De repente, Josefina saltó de los brazos de su amiga y corrió en dirección a la playa, algo la había asustado. Marta se giró y vio ante ella un elefante con patas de araña y orejas de murciélago montado por un niño con enormes bigotes moldeados hacia arriba.

- ¡Hola! - Dice el niño- ¿Tú quien eres? ¿Cómo has podido llegar a este lugar? Está reservado para personas muy especiales.
- Me llamo Marta Stella y soy pintora y aquella que corre asustada es mi gatita Josefina. ¿Cómo te llamas?
- Soy Salvador y este es mi elefante Antonio, me dirijo a un castillo al otro lado de esta isla. ¿Me acompañas? - Preguntó el pequeño ofreciéndole su mano para subir al mágico paquidermo-

Las amigas aceptaron y a lomos del extraño animal recorrieron un bosque que la pintora había soñado.


- Este bosque es tuyo, está en tu corazón, Marta. - Le dijo Salvador-
- ¿En mi corazón? Querrás decir en mi cabeza - Replicó la niña-
- Te equivocas. Cuando usas tus pinceles no es tu cerebro el que te guía, sino el corazón. ¿De verdad piensas que se puede crear sin usarlo? Las pinturas tienen vida y alma, sólo las que salen del pincel del corazón son eternas. Piensa en Botticelli.
- Claro, por eso sus creaciones han llegado a nuestros días - Añade la niña-
- Sí, por eso y porque al igual que tú, sus pinceles eran mágicos.

Marta quiso preguntar pero prefirió guardar su curiosidad para que aumentara y así hacer que la sorpresa final fuera más grande. Intuía que aquella aventura iba a ser la de su vida.
Josefina viajaba feliz en el regazo de su amiga hasta que al fin pararon al borde de un lago lleno de cisnes. Al fondo, un castillo del que salía la música que antes habían escuchado, coronaba un lugar lleno de color y preguntas.
Caminaban junto a su amigo cuando algo llamó poderosamente la atención de la niña y es que el reflejo del cisne en el lago era el de un elefante. Se frotó los ojos con fuerza pensando que sería una mala pasada de su imaginación, pero no, estaba en lo cierto. Aquellos cisnes reflejaban en el agua la figura de otro animal. ¡Era maravilloso!

- Divertido, ¿verdad? - Preguntó Salvador-
- ¡Ya lo creo! ¿Cómo lo hacéis? Deseo saber todo de este mágico lugar - Dijo Marta-

El niño guardó silencio y al llegar al camino que se empinaba hasta el castillo, se agachó para recoger un sobre que reposaba sobre la hierba.

- Es de Gala, una amiga, sólo podemos entrar si nos invita. Mira, nuestros nombres aparecen en la lista así que en marcha. - La animó Salvador-

Nada más llegar al castillo salió a recibirles un chico moreno, de ojos vivos y sonrisa preciosa. No dio tiempo a presentaciones, les abrazó primero y habló después.

- ¡Salvador, vaya amiga tan guapa tienes! Tiene ojos de gitana granadina así que le haré un poema. - Habló mirando a Marta y estrechándola entre sus brazos-
- Es Federico, siempre alegre y dispuesto a regalar su poesía a todo aquel que la merezca. Es muy simpático, ¡ya verás cómo nos divertiremos con él! - Dijo Salvador al oído de Marta que sonrió con complicidad-

Y entonces, Federico comenzó a recitar unos versos que dejaron a la niña sin palabras.

Las piquetas de los gallos 
cavan buscando la aurora, 
cuando por el monte oscuro 
baja Soledad Montoya. 
Cobre amarillo, su carne, 
huele a caballo y a sombra. 
Yunques ahumados sus pechos, 
gimen canciones redondas. 
Soledad, ¿por quién preguntas 
sin compaña y a estas horas? 
Pregunte por quien pregunte, 
dime: ¿a ti qué se te importa? 
Vengo a buscar lo que busco, 
mi alegría y mi persona. 
Soledad de mis pesares, 
caballo que se desboca, 
al fin encuentra la mar 
y se lo tragan las olas. 
No me recuerdes el mar, 
que la pena negra, brota 
en las tierras de aceituna 
bajo el rumor de las hojas. 
¡Soledad, qué pena tienes! 
¡Qué pena tan lastimosa! 
Lloras zumo de limón 
agrio de espera y de boca. 
¡Qué pena tan grande! Corro 
mi casa como una loca, 
mis dos trenzas por el suelo, 
de la cocina a la alcoba. 
¡Qué pena! Me estoy poniendo 
de azabache carne y ropa. 
¡Ay, mis camisas de hilo! 
¡Ay, mis muslos de amapola! 
Soledad: lava tu cuerpo 
con agua de las alondras, 
y deja tu corazón 
en paz, Soledad Montoya. 
Por abajo canta el río: 
volante de cielo y hojas. 
Con flores de calabaza, 
la nueva luz se corona. 
¡Oh pena de los gitanos! 
Pena limpia y siempre sola. 
¡Oh pena de cauce oculto 
y madrugada remota!

- Para ti, querida, pero guárdame el secreto- Dijo Federico guiñando un ojo a Marta- Tienes los ojos como las noches de Granada: negras azabache y cuajadas de estrellas.
- Eres un ángel, muchas gracias - Contestó Marta sonrojándose-
- Mira, aquél que viene por allí con la camiseta de listas es Pablito, ten cuidado con él porque es un bromista de aúpa y ayer pintó toros de lidia. ¡No sabes la que se armó! Los toros corriendo por el castillo y todo el mundo buscando donde esconderse. ¡Estos andaluces son tremendos! - Exclamó Salvador riendo a carcajadas-

De repente, Marta se dio cuenta de que Josefina no estaba. ¿Dónde se habría metido? Lo pensaba cuando un niño de pelo rizado apareció llorando.

- Diego, ¿qué te ocurre? -Preguntó Salvador tratando de reconfortar su llanto-
- ¡Me han robado los pescados de mi cuadro! ¡Ha sido un gato! - Habló el niño llorando a lágrima viva-
- ¡Josefina! - Exclamó Marta- Hace mucho rato que no la veo, ha debido ser ella. ¡Malandrina! ¡Cuanto la pille se va a enterar!
- Venid a ver mi cuadro y veréis, se ha comido todos los pescados, ¡pero todos! -Balbuceó Diego-

Acompañaron al pequeño pintor hasta una habitación donde daba rienda suelta a su genio y plasmaba su arte. Estaba llena de cuadros a cuál más maravilloso, Marta los reconoció enseguida.
- ¡Eres Velázquez! - Dios mío...., esto no puede ser real -Exclamó Marta sorprendida- Estoy en un mundo lleno de arte y ...
- Y es gracias a tus pinceles - Interrumpió Salvador-
- Bueno, a ver ¿queréis dejar de hablar y hacerme caso? ¡Que un gato se ha zampao mis pescaos! - Exclamó Diego muuuy enfadado!
- Vale, vale, no te preocupes, te ayudaremos a arreglar tu cuadro. -Le propuso Marta-
Y allí estaba aquella pintura, tan conocida y reconocida, ¡sin pescados en el plato! ¿De verdad se los habría comido Josefina? ¿O estaba soñando?

- ¡Quiero mis pescaos! -Insistió Diego frotándose los ojos para secarse las lágrimas-
- ¿Es siempre así? - Preguntó Marta a Salvador-
- No querida, ¡es peor!

Ambos rieron y salieron a los jardines del castillo, habían pensado ir al lago para pescar unos peces  y conseguir así que Diego dejara de llorar. La labor fue complicada porque los cisnes con reflejo de elefante no paraban de enredar y claro, así no se podía. Josefina, que les había seguido, observaba todo con curiosidad.

- Has sido mala, Josefina -Dijo Marta a su amiga acariciándole la cabeza- Ahora Diego está triste porque su cuadro está incompleto y eso no puede ser. ¿Te imaginas que ahora mismo haya alguien viendo esa pintura? Pues le faltan los pescados en el plato porque tú, gata revoltosa, te los has comido-

El animal miraba a su amiga con cara de felicidad, en realidad sólo quería jugar y divertirse. En ese momento, unos peces saltaron en el lago, la gatita anduvo muy lista de reflejos y los pescó al vuelo. 

- ¡Bien por Josefina! - Exclamó Salvador-

Diego se secó las lágrimas, cogió los peces y subió a su habitación feliz por recuperar una parte fundamental de su cuadro.

- Una pregunta, Salvador. ¿Por qué no ha vuelto a pintar los pescados en lugar de montar todo este drama?
- Fácil, porque si lo hubiera hecho, tú no habrías participado en su obra. - Contestó el niño de bigotes imposibles-

Feliz, transcurrió la jornada y llegó ese preámbulo de la noche con colores deliciosos para cualquier pintor. Marta y Josefina habían de regresar a casa así que fueron acompañadas de nuevo a la playa; al llegar, se dieron cuenta de que las olas venían rizadas formando espumas del color del cristal. Marta, se ató bien las zapatillas de ballet y decidió agradecer la hospitalidad a sus amigos con otra de sus cualidades: bailar sobre el mar. De nuevo sonó Wagner, la niña junto a su gatita comenzó una bella danza que la alejaba de aquel lugar mágico que tanta felicidad  había reportado a ambas. A lo lejos, los amigos agitaban sus manos en señal de despedida hasta que de nuevo, las amigas se encontraron al otro lado de la verdad, al otro lado de la playa.

- Ha sido maravilloso, Josefina, volveremos a pasar un día con ellos. Bueno..., si Gala nos invita, claro.

A la mamá de Marta le extrañó que la gatita no quisiera cenar, pero la niña sabía bien los motivos ¡Menuda glotona!. Cuando las luces se hubieron apagado, la pequeña pintora tomó su ordenador y tecleó en Google:"Cristo en casa de Marta y María. Velázquez". Y... ¡Sorpresa!, el milagro se había producido.


Dedicado a Marta Stella, pintora, diseñadora..., ARTISTA  y amiga. Que su vida sea siempre mágica, igual que sus pinceles.
Excepto la pintura de Velázquez, todas las demás pertenecen a Marta. Genial artista.

Gracias a Javier Romero por ayudarme a que Josefina se comiera los pescados. Sin tu ayuda, no habrían desaparecido. 

jueves, 16 de febrero de 2017

Aventuras con Pirú. Pirú y el rey de Vindiolandia.

Febrero lluvioso, año 2017, las niñas han crecido pero sus ganas de aventura siguen intactas. Tenemos nuevo gatito, su nombre es Frodo, como el hobbit, pero mamá entendió "Floro" y nos pareció tan divertido que se llama Florito. Bueno..., tenemos otro felino, Gambita, que ya conocéis por otras aventuras pero en éstas, nos acompaña el peque.
Bien, prosigo con mi relato en este día de magia.
Hace rato que no para de llover, el cielo entoldado invita al silencio y lo único que se escucha en el salón es el ronroneo incesante de los mininos. Descorremos las cortinas y miramos las nubes cargadas para toda la tarde.

- Tita pitusa, hace tiempo que no salimos de aventuras en un día de lluvia - Me dice Esther-
- Tienes razón, nos estamos volviendo comodonas -Le contesto-
- ¿Crees que Florito estaría dispuesto a acompañarnos? - Pregunta Marta-
- Pues habrá que averiguarlo. ¡Marta, en marcha!
- ¡A la orden tita!

Conservamos la rosa que el mago Pirú nos regaló, así que consultamos las llamas para contactar con él y visitarlo. Está bien cuidar de los amigos y si encima es mago, pues mejor que mejor.
Nos insta a vernos en Casa Encantada, nos dice que ha descubierto un sendero que cree que nos gustará, aunque no está exento de peligros así que hay que llevar los arcos y el carcaj repleto de flechas. Por suerte, los tenemos preparados.
En unos minutos, estamos en el coche. Floro viaja en la parte de atrás con Marta y Esther que prefieren ir con él en vez de conmigo. En fin..., tener sobrinas para esto.

- ¡Tita, música de aventuras por faaaa! -Propone Esther- ¡De Elfos ehhh!


El tiempo se detiene, regreso a unos años donde eran tan pequeñas que sus pies no llegaban al suelo del coche. Rescatamos la infancia y la magia comienza.
Llueve, voy despacio porque la visión de Casa Encantada bajo la lluvia es hermosa. Sus ladrillos rojos aparecen brillantes y las palmeras agitan las ramas en señal de bienvenida. De nuevo aquí, al lugar donde los sueños tienen residencia fija.


Arrecia, el olor a tierra mojada nos rodea y Florito olfatea el delicioso aroma que desprende la tarde. Nos preguntamos dónde estará Pirú, con un mago nunca se sabe. Decidimos salir y entrar en la casa, antes de que podamos rodearla, una silueta picuda nos saluda. ¡Pirú!
El tiempo pasa pero las formas de saludar a un mago no cambian. Nos ve venir corriendo y su cara de susto crece por momentos.

- ¡Oh santo cielo, si me alcanzan me tiran al suelo! - Murmura para sí Pirú-

Pero es demasiado tarde, las tres le abrazamos y..., ¡al suelo! Mago desparramado.

- ¡Nooo, cosquillas noooo!- Grita entre risas ante el ataque de Marta-

Le ayudamos a ponerse en pie y tras devolverle el sombrero al sitio destinado para él y el báculo a la mano, es él quien nos abraza de nuevo.

- Mis niñas, mis queridas, queridas niñas. ¡Qué alegría veros de nuevo!
- Ay Pirú..., ¡cuánto te queremos!. - Dijo Esther- Aunque con lo que llueve mira cómo te hemos puesto la túnica.

Nos miramos y nos damos cuenta de que todos estamos llenos de manchas de barro, pero con un mago a mano no es problema. Pirú gira el báculo, una nube rosácea aparece y entramos, a los cinco minutos nuestras ropas están como una patena.

- ¡Abajo las lavadoras! - Exclamo entre risas- 

- Bueno chicas, ahora que hemos hecho la colada tenemos que ponernos en marcha o acabaremos como una sopa. Tengo una sorpresa para vosotras, al otro lado de la casa existe un sendero que cruza la vía del tren y lleva a un lugar que quiero que conozcáis. -Propone Pirú-

Cargadas con los arcos, flechas, carcaj, chubasqueros ...., el camino se hace un poco pesado, la lluvia no cesa pero el mago que lee en los corazones nos hace ver el lado positivo del momento.

- Chicas, la lluvia es el alimento de la tierra, en primavera se deshará de su manto pardo y entonces aparecerán las flores que ahora permanecen acurrucadas. ¡Alegraos porque los días de lluvia son también días de abundancia! Y..., de aventuras -Dice bajando la voz y sonriéndonos- 

Sus palabras nos animan y pensamos que es un privilegio estar al aire y a la lluvia escuchando lo que la Naturaleza nos dice, que siempre es más de lo que creemos. Haciendo caso a Pirú permanecemos en silencio y entonces algo como una música lejana se cuela en nuestros oídos. Es magia, es Casa Encantada.
Giramos a la derecha y dejamos a un lado un gigantesco árbol que no recordamos. El mago nos dice que sólo puede verse si se camina en paz con uno y con todos y que por eso el viejo roble es llamado el Árbol del Amor


- En nada llegaremos al Paso de Vindio - Dice Pirú-
- ¿El Paso de Vindio? - Preguntamos casi a la vez deteniendo la marcha-
- Sí, se llama así por el viejo rey que habitaba estas tierras, un rey enano cuyo sentido de la justicia era conocido en todo el lugar, incluso otras razas venían de lejos para someterse a sus sentencias sabiendo que serían siempre justas.
- ¿Hubo otras razas habitando el Guadiato? ¿Cuánto hace de eso, Pirú? - Pregunta Esther.
- Por supuesto, queridas, por supuesto. El día anterior a la historia conocida, esta tierra fue testigo de grandes gestas, tratados, alianzas, batallas y épocas de paz. Yo crucé los tiempos con casi todos y guardo buen recuerdo de mi amigo Vindio, así como de Nefër, el rey de los Hombres.
- ¿Nefër? - Pregunto asombrada
-¿Puedes contarnos más, Pirú? - Pregunta Marta con cara de intriga-
- Me temo que no, hemos llegado a la puerta. Dejad los arcos y las flechas en el suelo hasta que nos den permiso para portarlos. Sed respetuosas y no preguntéis demasiado - Nos aconseja el mago-

Hacemos caso a Pirú mientras observamos como se pierde por un enorme hueco abierto en un árbol casi tan grande o más que el Árbol de la Verdad. Florito, como era de esperar, se cuela con él. Estábamos ante el Paso de Vindio.


Esperamos durante diez minutos o menos, en seguida apareció Pirú con cara sonriente invitándonos a pasar con nuestros arcos. Nada más atravesar el gran hueco, apareció ante nuestra vista un maravilloso bosque cuyo suelo se cubría de hierba y plantas que no pudimos identificar. Florito hacía rato que se divertía con ellas, eso era evidente.


Nos recibió un enano joven, ataviado con vestimenta sencilla aunque rara para nosotras. Habría pasado desapercibido si no fuese por el collar que portaba: Era un triángulo de oro en mitad del cuál se suspendían una espada, una corona y un unicornio magníficamente trabajados. El enano percibió nuestra curiosidad y contestó justo a lo que pensábamos.

- Bienvenidas, mi nombre es Tágomas. El collar es el Vindílium, el símbolo de mi pueblo que sólo puede portar el rey. El rey es aquél que vence a la espada y amansa al unicornio, pero ya os lo contaré mientras comemos. ¿Qué os parece? -Propuso de manera afable-

Nos presentamos y le seguimos hasta un árbol tan grande que una secuoya a su lado parecería pequeña. Dentro, un salón amplio decorado con muebles de formas vegetales. Si mirabas hacia arriba encontrabas un complicado y bello enramado a través del cuál podía verse el cielo.

- Cuando llueve, se cierra - Le dijo Tágomas a Marta que ensimismada recorría con su vista cada rama-
- ¡Qué interesante, Majestad!

Tomamos asiento en cómodas sillas con forma de hojas y en seguida acudió el servicio que dispuso la mesa. Casi todo era verdura, cosa que disgustó a Esther, sin embargo, al probarlas se dio cuenta de que su sabor poco o nada tenía que ver con las verduras que había comido antes. Sus sabores eran idénticos a la carne, el pescado e incluso el jamón más rico.

- ¿Cómo lo hacéis? ¿Cómo es que esta berenjena sabe a jamón? - Preguntó Esther extrañada´-
- Porque no es una berenjena, es valuca de invierno, una verdura cuyo sabor se asemeja al mejor de vuestros jamones. Nuestro organismo no está preparado para comer carne, pero a cambio tenemos plantas que tienen su sabor.

- Qué interesante.... - Contestó Esther mientras devoraba su valuca-

- Y no habéis visto todo - Añadió Tágomas siempre en ese tono agradable que relajaba a quien escuchaba-

Al término de la espléndida comida, nosotras salimos a un jardín extraordinario que Malima, la mamá de Tágomas, nos enseñó. Al fondo, una mesa con dulces llamó especialmente nuestra atención.
Pirú se quedó hablando de temas del reino con el enano.


- Querido Tágomas, te conozco y sé que no me has hecho llamar para agasajarme con tu espléndida comida. ¿Qué sucede?
- Bien me conoces, Pirú, viejo mago -Dijo el rey paseando por la estancia con las manos cogidas a la espalda- La espada de mi antepasado Vindio ha desaparecido, sin ella, no puede haber sucesión al trono ni vida en Vindiolandia.
- ¿Cómo ha ocurrido?
- No lo sabemos, una mañana mi escudero me advirtió de su falta, rápidamente se dieron batidas por el reino pero sin resultados. Y eso no es lo más preocupante, los unicornios también nos abandonan, sin la espada piensan que no hay rey y si no hay rey, ellos corren peligro.
- Pero sin los unicornios, esta tierra se sumirá en la penumbra, ya lo dice El Libro de Agasú. Es el triángulo en el que se sustenta el reino: Rey, espada y unicornio- Contestó Pirú preocupado.
- Así es, querido amigo, por eso te he hecho llamar.

El Libro de Agasú era todo para el pueblo enano, a través de los siglos y las épocas, la vida se había regulado por él. No sólo contenía leyes, también tratados antiguos, soluciones para problemas en épocas de paz y otras para épocas de guerra. Lo había escrito el General Agasú, al servicio del rey Vindio en la primera era. En él se advertía de la necesidad de mantener al unicornio en las tierras del reino o la sombra sustituiría al sol y el frío a la tibieza, viniendo entonces el final de Vindiolandia tal y como los enanos lo habían conocido. 

- Esto es terrible... ¿No dice el Libro cómo recuperar los unicornios? Si me permites voy a consultarlo -Propone el mago-

Pirú subió los escalones hasta llegar a un atril de oro sobre el que descansaba el Agasú. De él emanaba una luz azulada que iluminaba el rostro del mago cada vez que pasaba una página.

- Aquí dice que si los unicornios desaparecen, las estrellas se apagarán y la edad de la sombra caerá sobre Vindiolandia. Que la espada volverá a la tierra y el enano al interior del Árbol Deshojado hasta que la noche se disipe o aparezca el último descendiente de Nefër. Este habrá de forjar la nueva espada de cuya luz brotará el camino para que los animales mágicos puedan volver.

Pirú se quitó el sombrero y lo dejó sobre un sillón que había cerca del atril. En su cara se reflejaba la preocupación. ¿Cómo harían para recuperar la espada y los animales?

- Las niñas - Dijo Tágomas- Son las herederas de Nefër-
- ¿Cómo? ¿Cómo dices? - Se extrañó el mago-
- Son las últimas descendientes del rey de los Hombres, ellas pueden hacer mucho más que ayudarnos a recuperar la espada y los unicornios - Le dijo tomando del brazo a su amigo-
- ¡Eso que piensas no es posible! - Exclamó Pirú-
- Pero..., ¿Por qué no? Nefër puede ser despertado, permanece en la Gruta del Ángel a la espera de que el último descendiente vierta un poco de su sangre sobre su corazón.
- ¡He dicho que no! Y ni una palabra a las chicas. Eso que dices es muy peligroso, la gruta está custodiada por duendes Huxedae, los ni vivos ni muertos, un hechizo que ha matado a muchas criaturas sobrevuela la zona y alucinaciones de todo tipo han vuelto locos a otros tantos. Es un lugar maldito. No permitiré que pongas en marcha un plan así sólo para eludir tu responsabilidad como rey

Pirú visiblemente enojado cogió su báculo y su sombrero descendiendo las escaleras y saliendo en dirección a la puerta

- ¡Un momento! Deja que te enseñe algo - Propuso el rey-

Tras unas cortinas de pesado terciopelo se escondía un gigantesco árbol genealógico que comenzaba con Nefër y llegaba hasta Esther y Marta, sus últimas herederas. Pirú asombrado cruzó las manos a la altura del pecho.

- Santo cielo....¿Cómo no he sido informado de algo así?
- Pensamos que vivirías mejor si no lo sabías - Contestó el rey- 
- Está bien. Mi propuesta es esta: Te ayudaremos a recuperar la espada, si hubiera vuelto a la tierra, las niñas forjarán una para que los unicornios regresen, pero no esperes que resuciten a Nefër.
- Te ruego consideres ....
- ¡He dicho que no, Tágomas! - El mago interrumpió la frase muy enfadado- Si despertamos al rey, reclamará su derecho a gobernar sobre el mundo, a ti y a otros como tú os parece bien porque os exime de la máxima responsabilidad sobre vuestros reinos y aunque es cierto que con él la paz devendrá sobre la Tierra, no podemos alterar el orden establecido en el mundo Humano. ¿No lo entiendes? Han pasado eras desde la caída de Nefër, entre los suyos nadie sabe quien es, nadie ha oído hablar de la Era de los Dioses, ni alberga un solo recuerdo de la Tierra Primigenia. Te aseguro que una guerra entre razas comenzaría, con el horror que supondría para la raza Humana conocer a otras que ni sospechan. Los Hombres no están preparados para la Era de la Luz.
- No conoces bien a los Humanos, estoy seguro de que aceptarían de buen grado un orden de paz - Argumentó el rey enano- Tú mismo has dicho que con él la paz llegaría al mundo.
- Así es, pero el camino a esa paz aún no está preparado y el precio por alcanzarla sería alto. No es el momento, Tágomas. Eres un ingenuo si piensas que ahora un medio hombre-medio ángel va a poder gobernar a los Humanos. ¡Ni siquiera saben que existe este lado y las otras razas! Ellos creen que sólo somos fantasía....¿No lo comprendes? Habría una guerra y algunas razas que conocemos despertarían demonios que ya no sabemos cómo combatir. No, no me arriesgaré a que vuelva Nefër. Asume tu responsabilidad y reina, te ha tocado una edad de bonanza, hace años que no hay guerra en tu tierra, mantenla así. En cuanto a la Era de la Luz, deja que los magos sigamos haciendo nuestro trabajo.

Dejó la última frase rebotando en las paredes del árbol-palacio mientras el rey, apesadumbrado, veía como el mago se alejaba hasta salir del lugar. Sus esperanzas de vivir en paz, se habían desvanecido.
Estábamos en el jardín con la encantadora mamá de Tágomas cuando vimos venir a Pirú un tanto nervioso.

- ¿Ocurre algo, amigo? - Pregunté-
- No, no, no ocurre nada es sólo que tenemos una misión que no sé cómo abordar.
- Pues desde el principio, que es lo que siempre nos dices tú - Propuso Esther-

Pirú nos contó que había una espada que había que encontrar para que regresaran los unicornios, de no hacerlo el mundo de los enanos podría desaparecer. También nos habló de la importancia de estar seguros de que la espada hubiera vuelto a la tierra antes de forjar otra.

- ¿Y dices que esa espada la podemos forjar nosotras? - Preguntó Marta-
- Sí, puede hacerlo cualquier humano que no haya pasado la barrera de los dieciocho años y que además pueda ver el Árbol del Amor. -Mintió el mago-
- Bien, nosotras podemos solucionar eso entonces. - Dijo Marta-
- De hecho, en lugar de buscarla, ¿por qué no forjamos una nueva y problema resuelto? -Propuso Esther-
- Porque no puede haber dos Espadas de la Verdad, sólo si una vuelve a la tierra, puede ser forjada la nueva.
- O... -  Esther dejó la pregunta en el aire-
- O la sinrazón y la locura se apoderarán de los habitantes del reino.
- Madre mía qué amigos más complicados tienes, Pirú - Dije un poco hastiada- 
- ¿Cómo sabremos que la espada no ha vuelto a la tierra? - Preguntó Marta-
- Porque sigue habiendo luz sobre Vindiolandia, mientras haya luz, la espada permanece en algún sitio. Tenemos que recuperarla antes de que fuera de su lugar, decida volver a la tierra y cubrir de sombras el reino.
- ¿Cuánto tiempo tenemos para forjar la espada nueva una vez suceda eso?- Preguntó Esther-
- Dos días como mucho - Contestó Pirú-
- Bueno, hay tiempo - Dije yo intentando aparentar tranquilidad-
- No lo creas. La oscuridad cuando no hay espada ni unicornios es total, hasta el punto de que cien antorchas no bastan para iluminar un camino. Es una sombra densa y asfixiante que no sólo te ciega, también merma las fuerzas. -Aclaró el mago-
- Qué bien me lo estás pintando - Contesté asustada-
- Es peor, pero esperemos no llegar a eso. Centrémonos en la espada y regresemos a casa.
- Pirú, ¿tú sabías que veníamos a esto? - Preguntó Marta- Por eso nos hiciste traer los arcos.
- No Marta, os traje para que conocierais Vindiolandia, antes sólo llamada Tierra de Enanos. Los arcos siempre son necesarios porque hay Rementeadores por aquí. - Contestó Pirú-
- Muy bien, basta de charla - Cortó Esther- ¿Cuál es el plan?
- Bajaremos a las Tierras Secas, allí habitan las trunacas, algo me dice que esas criaturas tienen la espada.
- ¿Tru..., qué? . Preguntó Marta con los ojos muy abiertos-
- Son unos seres mitad pájaro, mitad trolls, No son muy listos como podéis imaginar, pero sirven al rey de los basures, siempre estuvo interesado en estas tierras y en sus rirquezas. Son ladrones, gente nada recomendable.
- Si no son muy listas esas trunacas, ¿cómo se han hecho con la espada? - Pregunté-
- No creo que hayan sido ellas, ellas sólo la guardan. Algún basur ha debido robarla. - Dijo Pirú-

La tarde languidecía en los jardines del árbol-palacio de Tágomas, Pirú se traía algo entre manos con el rey, algo que no nos querían contar, pero nosotras prometimos no hacer más preguntas de las necesarias. Sólo cabía esperar al nuevo día para salir hacia las Tierras Secas. 

- Tita pitusa, es mono el rey. ¿no? - Me pregunta Marta-
- Sí, sí que lo es - Contesto-
- Pero tú eres una patilarga y él un paticorto, tita, no te hagas ilusiones - Dice Esther socarrona-
- ¡No seas tonta! ¡Ni lo había pensado! - Exclamo fingiendo enfadarme-
- ¡No, anda que no! Si tuviera tu altura.... - Dice Marta riéndose-
- ¡Bueno basta ya, so celestinas! Es el rey de los enanos, ni siquiera es Humano.
- ¡Racista! - Exclama Marta muerta de risa, risa que contagia a su hermana-
- Tita, te buscaremos un príncipe azul marino de tu estatura. - Propone Esther elevándose sobre los dedos de los pies y riendo sin parar-
- Encima azul marino.... Les digo- ¿Y por qué no azul a secas?
- ¡Pues porque a vuestras edades, el azul celeste ya se le habrá puesto marino al pobre! - Contesta Esther con un volumen de voz suficiente como para que se enteren los terrestres y los extraterrestres. Su comentario produjo la risa de todos los enanos que pululaban por allí-

Tras correr detrás de mis sobrinas y reírnos de lo lindo, Florito aparece con el rey.

- ¡Floripondio! ¿Donde te habías metido? ¡Nos tenías preocupadas! - Le digo al minino que me mira con cara de absoluta felicidad-
- ¿No irás a reñirle?, sólo estaba dando una vuelta por las cocinas y allí había verduritas que le han gustado, así que decidió quedarse con Belámiz, mi cocinero.-Dijo Tágomass-
- ¡Ahhh, pillo! - Exclama Marta cogiendo en brazos al gatito-
- Chicas, quería comentaros algo pero es importante que no habléis de esto con Pirú. Al menos de momento. - Nos dice el rey bajando la voz y despertando nuestra innata curiosidad-
- Claro, descuide. - Le digo-

Las niñas me miran con claro gesto de desaprobación, a fin de cuentas el rey es un extraño y Pirú nuestro amigo.

- ¿Y por qué no quiere que Pirú conozca lo que tiene que contarnos? - Pregunta Esther elevando el tono de nuevo-
- Por favor..., te ruego bajes la voz - Pide el rey en tono de súplica- Se trata de un antepasado vuestro, el mago no quiere que conozcáis la historia porque cree que os puede perjudicar, pero yo pienso todo lo contrario. Si supieseis .....
- Siento decirle que la conversación ha terminado - Interrumpió Marta con aspecto serio- Por ahí viene Pirú.

El rey apretó los labios y cerró los ojos en clara señal de fastidio.

- ¿Qué hay niñas?- Pirú nos abraza a las tres pero mira con desaprobación al rey- Tágomas, nos retiramos a descansar, mañana nos espera un día largo.
- Claro, claro, amigo. Faltaría más. Hasta mañana a todos - Se despidió el rey alejándose entre surtidores de agua y plantas aromáticas- 
- Pirú, ¿quien es ese antepasado del que quiere hablarnos Tágomas? - Marta abordó el asunto sin perder un minuto-

El mago se enfadó, jamás habíamos visto así a Pirú y por primera vez tuvimos miedo.

- Perdonad, perdonad..., no es mi intención asustaros. Escuchadme, no creáis nada de lo que el rey os cuente, sólo deseo protegeros así que no quiero que os quedéis a solas con él.
- Pero..., ¿es peligroso? - El miedo esta vez se hizo más intenso temiendo por mis sobrinas-
- No, no, tranquilas, no le temáis, es sólo que tiene ideas un tanto alocadas sobre el futuro de estas tierras y necesita a alguien para poder llevarlas a cabo. Es un plan peligroso, no lo voy a permitir. - Aclaró Pirú-
- Vale pero eso..., eso del antepasado es cierto, de lo contrario no te habrías enfadado - Señaló Esther-
- Olvidaos del asunto, por favor. No hay ningún antepasado -Sentenció el mago volviendo a colgar en su rostro un severo rictus de disgusto-
- De acuerdo. Pirú, no volveremos a importunarte con preguntas de este tipo. Seguiremos tu consejo. - Le dije-

Nos fuimos a dormir, estaba claro que pasaba algo y que Pirú nos lo ocultaba. Habíamos aprendido a confiar en él y esta no iba a ser una excepción, pero no podíamos olvidar las palabras del rey sobre ese misterioso antepasado. Finalmente, el sueño nos rindió.
A la mañana siguiente, Malima vino a despertarnos personalmente. Quería que viéramos la flor de Limis, un ejemplar que florece en el mes de febrero cada mañana al alba y se cierra cuando el sol alcanza su cenit. Era realmente hermosa, de diversos colores y una textura similar a la seda; sobre los pétalos en forma de llama aparecía un polvillo brillante que refulgía como si fuera algo precioso.


- Es polvo de diamante - Aclaró Malima- cuando la flor se seca lo recogemos y con él, entre otras cosas, fabricamos joyas que después vendemos a otros pueblos. Se diferencian del resto de joyas en su olor, pues permanece para siempre.
- Son maravillosas..., -Dijo Marta asombrada por la belleza de las flores-
- Lo son, a vuestro regreso tendré guardada una para cada una. Es mi modo de agradeceros vuestra ayuda- Nos dijo la reina madre-

Felices salimos del fantástico y escondido jardín para reunirnos con Pirú. El mago y el rey aguardaban nuestra llegada, pues nadie más debía saber de aquella misión. Ni siquiera Florito pudo acompañarnos y se quedó con su amigo Belámiz degustando verduras con sabor a salmón.

- ¿Preparadas? - Preguntó Pirú.

Y a una señal, nos pusimos en marcha andando por unos campos regados de flores y nubes.


Caminamos durante horas, al mediodía, a una señal del rey descansamos y pudimos comer algo, no fue hasta media tarde que alcanzamos las Tierras Secas. 
De repente, la visión dulce de las flores y la tierra verde había cambiado y nos encontramos en un paraje inhóspito. Unos cuantos alambres oxidados nos cerraban el paso, nada que no pudiéramos solventar. El calor comenzó a caer sobre nuestros cuerpos cansados y hubimos de deshacernos de la ropa de invierno guardando abrigos y guantes para dejar nuestros brazos al descubierto. Pirú se acercó y nos entregó unas túnicas que parecían de lino.


- Colocaos estas camisas sobres vuestras ropas, son resistentes a las flechas - Nos dijo-

Obedecimos sin preguntar, los recursos de un mago son inagotables.

- Están revestidas por el polvo de diamante de esas flores que tanto os han gustado - Dijo guiñando un ojo- Todos llevaremos una. 

Las túnicas cubrían brazos y torso, bajando justamente hasta una cuarta por encima de las rodillas. Esa prenda era codiciada por muchas razas, pero estaba terminante prohibido comerciar con ellas o sacarlas del reino de Vindiolandia. Nosotras, tras su uso, también debíamos entregar la nuestra para que fuera custodiada junto a las demás en las dependencias del palacio destinadas a los tesoros. Gracias a estas camisas especiales, los vilandeses habían ganado numerosas batallas, haciendo casi cien años que no había sido necesario volver a utilizarlas. Hasta hoy.

- Proteged las zonas que quedan al descubierto, el enemigo es hábil y ha perfeccionado sus artes durante años, dispararán al cuello y a las piernas - Aclaró el rey- Las camisas no os protegerán de las trunacas, ellas no necesitan flechas ni lanzas, su fuerza y estatura les basta para desmembraros en un minuto así que estad atentas.
- Qué encantador todo - Susurré-
- Sí tita, un amor de situación - Contestó Marta-

Montamos las flechas en los arcos y avanzamos despacio, no había rastro de los seres malévolos a los que el rey había aludido, sin embargo, apareció un fenómeno con el que no contábamos. El cielo comenzó a oscurecerse de manera inhabitual.


- ¡El sol! ¡Tágomas, el sol se está apagando! - Gritó Pirú-
- La espada está volviendo a la tierra..., no tenemos mucho tiempo, hay que avanzar hasta las cuevas antes de que se desintegre. - Propuso el rey-

Sin embargo, no contamos con que las trunacas nos estaban esperando. Tres seres de unos tres metros de altura aparecieron ante nuestros ojos. Tenían cabeza de pájaro, cuerpo de trolls y la espalda cubierta de plumas. Las manos terminaban en garras afiladas capaz de partir en dos a cualquiera que se pusiera por delante.

- Oh, oh, aparecieron las compañeras de baile - Dijo Marta-
- ¡Pues bailemos! -Gritó el rey desenvainando su espada y corriendo hacia los seres.

Conocíamos situaciones parecidas así que cada una tomó su sitio, Esther fue la primera en disparar pero vimos con estupor como la flecha rebotó en la espalda de una de las trunacas.

- ¡No disparéis a la espalda! ¡Son inmunes! - Gritó Pirú-

Intentamos derribarlas pero no era posible porque cuando veían venir las flechas se volvían hábilmente. Las teníamos encima y el rey acosaba a una de ellas que le cerraba el paso a las cuevas.

- Chicas, ¡vamos a cubrir a Tágomas! - Propuso Esther-

Pirú agitó el báculo y una luz cegadora confundió a los monstruosos seres que corrieron a cubrirse los ojos, momento que aprovechamos para disparar. Aturdidas, se retiraron pero cuando pensamos que nos habíamos librado del peligro aparecieron los basures rodeándonos por completo. Conté más de cincuenta hombres cubiertos por armaduras de cuero. Llevaban el pelo largo, eran muy morenos de piel y de ojos extraordinariamente claros. Se habían pintado la cara con listas rojas, su aspecto era salvaje y sus armas amenazadoras. 

- Ahora sí que la hemos liado - Un montón de bailarines y sólo tres damas - Ironizó Marta-

Uno de los hombres se acercó, llevaba trenzadas al pelo unas cadenas muy finas que le daban un aspecto fiero. Se dirigió al rey pero no entendimos ni una palabra.

- Dice que la oscuridad se ha desatado y nada tenemos que hacer aquí, las tierras de Vindiolandia serán reclamadas por el pueblo basur y una nueva era comenzará. El pueblo enano ha de retirarse al Árbol Deshojado - Nos tradujo Pirú-
- Ufff, qué malamente suena eso - Dijo Esther-
- Si no nos marchamos ahora, moriremos -Añadió el mago-
- Por qué será que eso lo he entiendo perfectamente - Dije-
- ¿A ellos no les afecta la oscuridad? - Preguntó Marta-
- No, tienen infravisión, de hecho, la luz del día les perjudica.
- Ea, el kit completo, estos no necesitan óptica -Bromeó Esther-

Tágomas no soltaba la espada, el basur que tenía frente a él le doblaba en altura y sin embargo el rey no se arredraba. Observé cómo entre él y el mago se hablaban sólo con la mirada y advertí a las niñas para que estuvieran atentas a Pirú. Un basur se sintió molesto cuando vio que susurraba algo a mis sobrinas y se acercó poniéndome una espada en el cuello.

- ¡Tú!, ¡deja de hablar con las jovencitas!

Las niñas hicieron ademán de sacar una flecha del carcaj y al momento ellas también tuvieron cerca las espadas.

- Vale,vale, tranquilidad - Dije- ¿Hablas mi idioma?
- Sí - Contestó secamente el basur-
- Bien, pues dile a tu jefe que no vamos a ser un problema, que venimos para proponer un trato - Se me ocurrió para darle tiempo a lo que sea que se trajeran entre manos Pirú y Tágomas-
- Dadnos las camisas ¡ Ahora! - Gritó el basur sin atender mis palabras-

Tágomas nos hizo una señal de asentimiento con la cabeza. Debíamos obedecer.

- Maaaarranos, ¡encima querrán que les hagamos un striptease! -Bromeó Esther-

Miré a mi sobrina con cara de desaprobación, aquél no era momento para bromas. Nos deshicimos de las camisas volviendo a quedarnos solo con mallas y camiseta y por lo tanto, desprovistas de nuestro seguro de vida.
Era la primera vez que el pueblo basur tenía entre sus manos la ansiada camisa vilandesa así que se produjo un momento de distracción entre el grupo que cometió un grave error: no quitarnos las armas. Tágomas levantó su espada y asestó un golpe mortal al basur que hasta hace unos segundos le apuntaba con la suya. La emoción de conseguir aquellas camisas le hizo girar la cabeza hacia el lugar donde se producía la entrega de las nuestras y el rey no dudó en atacarle.
Pirú por su parte, movió el báculo y brotó una luz tan fuerte que aquellos hombres tuvieron que taparse los ojos.

- ¡Corred, chicas, corred! - Nos gritó mientras nos alejábamos para resguardarnos tras unas rocas- 

El rey, que no había perdido su ligera armadura, dio muerte al menos a once basures, hasta que una flecha se clavó en su pie.

- ¡Han herido al rey! - Gritó Marta-

Pirú que también conservaba su camisa, salió al encuentro. La luz de su báculo disminuía pero le cubrimos con nuestras flechas y pudo rescatar a Tágomas.


- ¿Se encuentra bien, Majestad? - Preguntó Esther-
- ¡Por todos los dioses¡, ¡dejad de llamarme Majestad o se me olvidará mi nombre! ¡Me llamo Tágomas! 
- Vale, vale, tranqui. Te llamaremos Tagui. - Volvió a bromear mi sobrina -

El rey se rió con ganas a pesar del dolor que atenazaba su pie.

- La herida no parece importante, pero tenemos un problema -Susurró el mago- Las flechas de los basures <a menos que sean clavadas en zonas mortales>, no están impregnadas de veneno, pero sí de una sustancia que va inoculando en el cuerpo un dolor tan intenso que vuelve locos a los heridos. Su efecto tarda días en desaparecer-
- ¿Puedes hacer algo? - Pregunté preocupada -
- Sí, puedo intentar ralentizar el efecto de la sustancia, pero no garantizo que pueda ser por mucho tiempo. Tendría que buscar algunas hierbas y por aquí no las encontraremos a menos que volvamos.
- Creo que yo sí puedo hacer algo - Habló Marta- He traído mi Flor de Sändae, la liberaré para que el pueblo elfo venga a socorrernos.

Un suspiro de alivio salió de nuestros corazones. Aquella flor era la salvación, aunque había que tener mucho cuidado al liberarla ya que un pinchazo con sus agudas espinas, supondría que el alma de quien la libera volara con ella.
Entre tanto, los basures se habían reorganizado y comenzaron a acosarnos de nuevo, por si fuera poco, las trunacas salieron de las cuevas.

- ¡Esto se pone feo, chicas! - Exclamó Pirú-

Mientras disparábamos manteniendo alejados a los enemigos, Marta buscó en su pequeña bandolera y extrajo la campana de cristal con la flor. En ese momento miré al rey que apretaba la mandíbula y cerraba los ojos. Pirú me miró con gesto de preocupación.

- ¡Marta libera de una vez la flooooor! ¡Gritó Esther!


Una flecha voló rozando a Marta justo cuando la flor salía. Sus manos temblaron y la campana que la contenía se volcó, las espinas rozaron su piel propinándole varios arañazos. Solté mi arco horrorizada.

-¡Marta, Marta! ¡Noooo! - Grité-

Esther saltó literalmente por encima del mago para intentar socorrer a su hermana pero poco podíamos hacer.

-¡Volved a vuestros puestos! ¡Yo me encargo! -Gritó Pirú-

Tágomas se hizo cargo del arco y el carcaj de Marta, comenzando a derribar basures con cada certera flecha. Esther y yo hicimos lo mismo a pesar de la preocupación-

- ¡Salva a la niña, Pirú! ¡Yo puedo aguantar! - Dijo el rey-
- Está bien, voy a amarrar su alma a la mía, eso debería bastar hasta que lleguen los elfos.

Cuando pensábamos que todo se solucionaba, más basures llegaron acompañados de trunacas. El rey salió y abatió una con su espada, no lo pensó dos veces mientras Esther derribaba a un basur que intentaba atacarle por la espalda. Mientras, Pirú recitaba una y otra vez unas palabras que no entendíamos. Miré a Marta y vi con horror cómo a través de su cuerpo comenzaba a verse el suelo. Nos estaba dejando.
La situación era límite cuando la noche cayó definitivamente. Una noche espesa y asfixiante, una oscuridad cargada del silencio más aterrador. Todo se detuvo.

- ¡Rendíos! - Gritó el basur que hablaba nuestro idioma- La espada ha vuelto a la tierra, ya no tenéis nada que hacer aquí. 

Intenté levantarme pero la sensación era como si cargara un saco de cien kilos, mis piernas apenas me sostenían.

-¡Tita, no puedo moverme! - Gritó Esther-
- ¡Mantened la calma, chicas! -Sugirió Pirú- Los elfos no tardarán.

Temíamos por nuestra vida, no podíamos ver nada mientras los basures estaban dotados de visión nocturna. Escuchábamos el silbido de una hoja de acero cortando el viento, sin duda era Tágomas manteniendo lejos a sus enemigos, pero no tardaría en rendirse al dolor,  la espesa oscuridad y a la fatiga que la acompañaba.
De repente, en medio de la desesperación un canto llegó hasta el lugar, era melódico y dulce, las voces inundaron nuestras mentes y el corazón se liberó de miedos. Se divisó una potente luz brillante en forma de nube dentro de la cuál venían nuestros salvadores.

- ¡Titaaa son elfos! - Gritó Esther invadida por la alegría-


Avanzaban agrupados a lomos de hermosos corceles, prestos iniciaron un ataque contra aquellas criaturas infernales y sus aliados que uno a uno fueron rindiendo sus vidas. Pirú se ocupaba de Marta que a la luz de los elfos pudimos ver cómo se hacía cada vez más invisible.
Un ser altísimo y estilizado con tez muy blanca se acercó hasta nosotros. La presencia del elfo regaba todo de luz y sus vestimentas exquisitas despertaron nuestra admiración. Llevaba una malla en color musgo y una camisa ajustada al cuerpo primorosamente bordada con motivos vegetales, abierta y sujeta con un cíngulo de plata. La frente la adornaba con una hermosa presea realizada con flores de Sandäe, aquella a quienes los elfos llamaban Oilima, última. Calzaba unas botas muy ligeras y su estilizada figura recordaba a los bellos bosques del norte, cuajados de árboles de majestuoso porte, afilados como agujas que arañan el cielo con su filo. Finalizaba el conjunto con un manto blanco liviano.

- Pirú, largo tiempo ha pasado desde nuestro último encuentro- Habló con voz queda, las palabras quedaron flotando en el aire acompañadas de una leve sonrisa- 
- Querido amigo - Dijo Pirú fundiéndose en un largo abrazo con aquel maravilloso ser. Los demás permanecíamos expectantes a todo cuanto pasaba- 

Tras despojarse del abrazo del mago, abrazó a Tágomas y se dirigió a Marta, clavó en ella una mirada cálida, mágica y le sonrió. 

- No temas, voy a curarte. - Dijo sonriendo- Pirú ya ha hecho parte del trabajo.

Murmuró unas palabras en élfico. Fueron unos segundos y la magia de aquel ser hizo que Marta volviera a materializarse ante nuestros asombrados ojos. Esther no pudo amarrar su curiosidad y se dirigió hacia aquel elfo que tanto la fascinaba. Poniendo su mano en el largo antebrazo le habló. 

- ¿Quien eres? ¿Eres un elfo o un ángel?  - Preguntó intrigada mientras a su memoria acudían flashes que no podía entender,  imágenes de otro tiempo donde el ser que tenía delante era conocido y familiar-
- No Esther, sólo soy un elfo... Mi nombre es Isilme y soy por herencia de mi estirpe, el actual Señor de los Altos Elfos. 
- ¿Y cómo debo tratar a alguien con ese título? - Preguntó de nuevo- 
- Como haces con tus amigos, igual, querida niña - Respondió el elfo depositando ambas manos en los hombros de Esther que seguía como hipnotizada por aquel ser.

- Está recordando - Susurró Tágomas a Pirú- Esther está empezando a saber quien es y de dónde viene.

Pirú le miró en silencio.

- ¡El rey está herido de flecha basur! - Exclamó el mago- Isilme por favor, líbrale del dolor.

Con los elfos allí, el lugar había recobrado luz y se había desvanecido el silencio. Isilme no dio tiempo para el descanso.

- Montad en los caballos, tenéis que volver a Vindiolandia para que Marta y Esther forjen la nueva espada antes de que sea demasiado tarde -Ordenó el elfo-

De vuelta a tierras de los enanos, las gentes salieron de sus casas al ver cómo una luz se acercaba y a su paso era empujada  la oscuridad. Suspiraron aliviados cuando vieron que el rey estaba a salvo.
Sin tiempo que perder si dirigieron a la Gruta Sagrada, dentro había un yunque que a pesar de estar envuelto en telas de arañas y polvo, refulgía como la plata. Todo el lugar parecía llevar años sumido en un sueño del que no tenía pensado despertar.
Los elfos encendieron la fragua y los enanos depositaron polvo de Flor de Limis. Después, Marta y Esther fueron dando forma sobre el yunque a aquella extraña espada que brillaba como el diamante. Antes de terminar, Isilme volvió a calentar el arma y con un punzón grabó unas hermosas letras élficas. Finalmente, Esther colocó la empuñadura.
Salieron de la gruta, las dos niñas alzaron la espada y de ella salió una explosión de luz que subió hasta el cielo y luego descendió apartando la oscuridad de todo el reino de Vindiolandia. A lo lejos..., unicornios volvían a su hogar.


Cuando todo hubo terminado, al fin pudimos descansar. Permanecimos en Vindiolandia unos días hasta que recobramos fuerzas, aunque entre festejos y despedida de elfos, no fue mucho el tiempo que tuvimos de reposo. En cambio Florito, no sólo había reposado, sino que había engordado en compañía de su inseparable Belámiz. ¡Gatos!
Antes de marcharnos,  Malima nos regaló una Flor de Limis a cada una y Tágomas, como agradecimiento a nuestra ayuda,  nos hizo entrega de un hermoso libro, era una copia exacta del Agasú. Pirú, lo confiscó y no pudimos hacernos cargo de él hasta que el mago lo hubo revisado hoja a hoja . ¿Qué es lo que nos ocultaba?
El rey nos acompañó en el camino de vuelta hasta el puente sobre el Luna-Plata, allí se despidió esperando volver a vernos muy pronto.
Llegando ya al Paso de Vindio, volvimos a preguntar a Pirú sobre esos antepasados de los que hablaba el rey, pero el mago, se limitó a extraer una carta de la bandolera de Marta.

- Aún no, todo a su tiempo.

Continuará....


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domingo, 5 de febrero de 2017

PÉRDIDA.


Como si pudiéramos poner puertas al alma para evitar que se derrame. No es necesario saber cuánto, es suficiente saber cuándo. Y pasa. Pasa porque no frenamos la verborrea del corazón, esa atropellada palabrería que termina sangrando en la garganta y desbordándose en los ojos. 
Cuando queremos retroceder ya es tarde, ya no se puede fingir, es imposible confundir lo verdadero con lo prodigioso. No, ya no creo en redenciones salvo las que vienen de labios enlutados, esos que ya no dicen "te amo" .Todo lo demás son palabras que no bastan.
No hay almas domadas por el encierro, cuando se rompen en mil corazones salen perdiendo la cuenta…, y la vida. 
No sé lo que digo en esta noche de sentidos fugados a la luz de las candelas. Es invierno, alma imbécil, estás desnuda bajo las farolas así que vuelve, vuelve y suéñate a ti misma.


Bajo licencia SafeCreative
Prohibida su copia o reproducción sin permiso de la autora.

viernes, 3 de febrero de 2017

Aventuras de Pepa Jones y su gato Gambita. Sucesos en el Museo Nacional de Arte Romano.

Pepa Jones pasaba la tarde del viernes con el abuelo José y con Gambita en El Tejar, en esa zona de la vieja Córdoba a medio camino entre la capital y Mérida, es decir, en término de la misma Mellaria romana.
Terminaba sus deberes cuando el móvil sonó. Era Estrella enviando WhatsApp al Gambigrupo.

Estrella: ¡Hola Gambigrupo! Me pregunto a qué hora llegaréis a Mérida mañana, además de la visita al Museo, os tengo una sorpresita y me gustaría saber si estaréis aquí al mediodía.
Todos: ¡Holaaaaaaaa!
Pepa: Pues nuestra intención es estar a las doce, ¿no chicos?
Patricia: Sí, me ha dicho mi padre que llegaremos a esa hora, así que a las nueve y media todo el mundo preparado en El Tejar.
Julián: ¡Estupendo! Yo ya tengo mi maleta, así que no me dejáis en tierra. Por cierto, ¿qué va a pasar con Gambita? ¿Podrá venir?
Estrella: He tenido que solicitar un permiso especial en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida porque los únicos animales permitidos son los perros guías. Al final he conseguido un pase para que Gambita nos pueda acompañar.
Patricia: ¿Y para Pepa? Si sólo admiten perros guías y gatos aventureros, Pepa se queda en la puerta.
Pepa: ¡Muy graciosa!
Todos: Jajajajajajaja.
Estrella: Bueno chicos, os veo mañana en la Plaza de España. Besos a todos.

La visita a la antigua Emérita era algo que tenían pendiente desde Navidad, pero los papás de los niños tenían que organizarse para poder llevarlos. Un grupo entusiasta de la Historia no podía estar mucho tiempo sin acudir a un lugar como aquél; mágico, antiguo y lleno de cosas por aprender.
Al día siguiente, Pepa despertaba en El Tejar como cada sábado y preparaba con ilusión su maleta para la visita a Mérida. Lo peor era Gambita, desde que vio el trasportín, estaba enfadado pensando que iría al veterinario así  que no había modo de hacer entrar al listo animal.

- Vamos, gatito bueno. ¡Si vamos a Mérida! Y podrás venir al Museo. ¿Sabes que lo construyó Rafael Moneo? Es uno de nuestros mejores arquitectos, ¡no puedes perdértelo!

El gato la miraba con cara de susto desde el otro lado de la habitación.

- Vale, si no quieres entrar, te quedarás aquí con abuelito pero te perderás la aventura. No podrás ver la ciudad que el emperador Augusto mandó construir nada menos que en el año 25 a.C. Encima, es uno de nuestros emperadores prefes.  ¿A que no sabes por qué hizo aquel lugar, eh Gambichi?

El animal giró la cabeza y la observó con intriga.

- ¿Has oído hablar de las Guerras Cántabras?  Pues mira, esas guerras enfrentaron a los pueblos astures y cántabros contra el Imperio romano. Y sí, astures de asturianos y cántabros de Cantabria, nuestros amigos del norte de España.
El caso es que el emperador Augusto, le encargó al legado Publio Carisio que construyera Mérida para que se asentaran allí los soldados romanos licenciados en esas guerras. Por cierto, se llama Emérita por esos soldados, que eran "eméritos", lo que vendría a ser un señor jubilado de ahora.
¿A que no sabías todo eso? ¿Y el nombre de las legiones a las que pertenecían esos viejos guerreros? No sabes nada, Gambita, de verdad. Mira, eran estas: Legión X Gemina y V Alaudae. ¡No te acostarás sin saber una cosa más! Y ahora..., me marcho, querido.

Cuando el minino vio que la niña guardaba la maleta en el coche donde esperaba el resto del grupo, salió raudo y entró en los asientos de atrás a través de la ventana que Julián llevaba abierta.

- ¡Pero bueno Gambita! ¿Y tu trasportin? - Preguntó el niño cogiendo al animal y riendo la ocurrencia.
- ¡Aquí está! -Contestó el abuelo José acercándose al coche-

Esta vez no hizo falta convencerlo, él solito entró en el trasportín y se hizo un ovillo. Julián lo colocó en el asiento, entre él y Pepa, Patricia viajaba delante.

Cuando llegaron a Mérida, Estrella los recibió feliz. Aprovechando el buen tiempo, les preparó una fiestecita de bienvenida en la Plaza de España, allí había unos kioscos donde las familias se daban cita y celebraban cumpleaños. Lo pasaron de miedo jugando y comiendo tantas cosas ricas que habían dispuesto para ellos.
La niña aprovechó para presentar sus amigos de Mérida al grupo, cuando llegó el turno de Pedro, todos se miraron, era el chico del que les había hablado su amiga en Navidad.
Pedro trabó amistad con ellos en seguida, especialmente y como era de esperar, con Julián y Gambita.
Las chicas llamaron a un lado a Estrella para interesarse.

- ¿Es el chico del que nos hablaste, verdad? - Preguntó Pepa-
- Siiiii ¿A que es mono?
- Mucho - Contestaron las chicas- ¿Nos acompañará esta noche? - Preguntó Patricia -
- Sí, él no se pierde nada relacionado con nuestra historia.
- ¡Estupendo! Pues ponte muuuy guapa. ¡Y le diremos a él que haga lo mismo! - Propuso Pepa riendo de buena gana-

Al llegar la tarde, Estrella les anunció que había que ir a casa a descansar porque les esperaba una noche movidita. No sabían entonces hasta qué punto.

- Bueno amigos, esta noche y como algo excepcional, se hará una visita guiada al Museo y luego escucharemos una conferencia sobre el desastre de Teutoburgo. Vienen arqueólogos alemanes a hablar sobre este hecho así que somos privilegiados por poder asistir. Eso sí, tendremos que ser buenos y estar calladitos.

- Pero podremos  preguntar, ¿no? - Interrumpió Julián-
- Por supuesto, por supuesto. - Contestó Estrella -

De vuelta a casa, fueron comentando el llamado "desastre de Teutoburgo", ocurrido en un bosque alemán en el año 9 d.C y que implicó a romanos y tribus germanas (alemanas).

- La verdad es que no sé qué pudo llevar al gobernador Varo a tomar la decisión de atravesar aquel bosque oscuro y tenebroso con tres legiones, seis cohortes auxiliares y tres alas de caballería. - Se preguntó Julián en voz alta-
 - ¡Más un montón de civiles! - Apostilló Patricia-
- Bueno, si el chico que tienes a tu lado y que consideras como un hijo, te dice que la mejor manera de llegar hasta el Rin es pasar por ese bosque, tú pasas. ¿Cómo iba a desconfiar de Arminio? - Pregunta Pepa-
- Pues porque era un querusco - Contesta Julián-
- Sí, pero él no sabía que lo iba a traicionar y eso que hubo quien le advirtió que pasaría. - Añadió Estrella-
- Como quiera que sea, no me imagino el miedo que pasarían en el bosque de Teutoburgo, en aquella emboscada de la que no saldrían vivos. Creo que Arminio se pasó un poco - Dijo Julián-
- Los germanos siempre vieron como invasores a los romanos y Varo además era una persona codiciosa y poco diplomática que quiso romanizar por la fuerza. Se la tenían jurada. -Contestó Pepa-
- ¡Publio  Quintilio Varo, devuélveme mis legiones! - Gritó Patricia simulando que golpeaba su cabeza contra una pared, imitando al emperador Augusto, del que dicen golpeó su cabeza contra una puerta al recibir la noticia de la pérdida de las legiones XVII, XVIII y XIX.-
- ¡Quintili Vare, legiones redde! - Repitió Estrella en latín-


Entusiasmados, llegaron a casa y descansaron hasta las nueve de la noche, hora de la visita nocturna al Museo. No eran los únicos, un grupo de unas cincuenta personas se congregaba a las puertas para asistir al evento.
Visitas nocturnas guiadas acompañadas de conferencias. Buena combinación, pensaron los chicos.    
Gambita iba andando, pegado a los niños para evitar que lo pisaran. Algunas personas se sorprendieron al ver  un gato haciendo cola para entrar a un Museo, pero en general, se acercaron a jugar con él y a regalarle caricias.
La visita fue magnífica, con poca luz el espectacular edificio parecía alargarse aún más, sus altísimos arcos se transformaban en figuras fantasmagóricas bajo la luz ambarina, y el ambiente se volvía misterioso y excitante.

Nota: Vídeo realizado por José Luis Santos Fernández.  Red Social de Arqueólogos e Historiadores Terrae Antiqvae. Para saber más, podéis acceder a su página en la sección de este blog "Otras casas",  la pagina citada aparece en primer lugar. No olvidéis visitarla.

- Chicos, ¿no os resulta curioso que sean arqueólogos alemanes los que vengan a hablar a Emérita Augusta del desastre de Teutoburgo? - Preguntó Estrella-
- La verdad es que sí, teniendo en cuenta que Augusto mandó construir esta ciudad y que él era el emperador cuando ocurrió todo aquello...., ¡curioso y perverrrrso, diría yo! - Dijo Pepa arrastrando las erres en voz baja y provocando la risa de los amigos-
- ¿Y Gambita? - Preguntó Patricia-
- Estaba con Pedro y Julián  hace un minuto, creo que se habían adelantado para coger buen sitio en la sala de conferencias- Contestó Estrella-

Al llegar a la sala, los chicos aguardaban en primera fila, pero ni rastro del gato.

- ¿Gamba no está con vosotros? - Preguntó Pepa preocupada-
- No..., pensábamos que estaba con vosotras- Contestó Pedro-

Los amigos se miraron y se hizo el silencio. Un gato suelto en un Museo lleno de restos arqueológicos no era una buena noticia.

- ¡Oh, Dios mío!, ¡espero que no le dé por hacer trastadas! - Exclamó Pepa preocupada-
- No te preocupes- Intervino Julián- Ya sabes que Gambita es independiente pero que no suele hacer nada malo, no es destrozón. Un poco gamberrete, nada más.
-Precisamente su vena gamberra es la que me preocupa. En fin, esperemos que no ocurra nada - Contestó Pepa uniendo sus manos y mirando al techo-

Cuando todo el mundo se hubo acomodado, dos señores rubios y muy altos entraron en la sala. Eran los arqueólogos que darían la conferencia.

- Anda que estos dos son de Cádiz, sabes.... - Dijo Julián a Pedro provocándole una risa incontenible-
- ¡Chsssss, chicos por favor! - Les regañó Estrella-

José María Álvarez, director del museo, tomó la palabra. Primero agradeció la asistencia y aprovechó para recordar que en 2016 se cumplieron 30 años de la inauguración del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. Habló de las actividades que se venían realizando, en especial, de aquellas que implicaban a los más pequeños. Entonces, se giró hacia los chicos y les dio las gracias por estar presentes. Dijo que era un placer comprobar que los niños se interesaban por la Historia y les pidió que al final de la conferencia, preguntaran todo aquello que desearan saber o aclarar.

- Y como no quiero extenderme más, os dejo con Alexander Kahler y Herbert Scheider, expertos en la batalla del bosque de Teutoburgo. Bienvenidos a la hermosa ciudad de Mérida- Terminó el director-

El más joven de los dos se dirigió al centro y comenzó a hablar de las tribus germanas. El otro, algo más entrado en años desapareció del escenario dejando el protagonismo a su compañero.

- Mira que si saca ahora un gladius y nos pone a todos a hacer la instrucción... - Dijo Julián muy bajito-
- Desde luego..., ¡eres temible! -Contestó Patricia-
- Además, no puede llevar gladius porque es una espada romana - Aclaró Pepa-
- Hispana más bien, diría yo, -Aclaró Julián-
- ¿Queréis callaros? - Volvió a reñir Patricia-

Alexander hablaba del pueblo querusco cuando las luces se apagaron y la sala se sumió en una absoluta oscuridad. Casi seguido al apagón, se oyeron dos portazos. Los habían encerrado.
El señor Álvarez se levantó en seguida y llamó a la calma para que la situación no se descontrolase.

- Por favor, señoras y señores, no se preocupen. Ha debido ser un corte de fluido eléctrico pero les aseguro que muy pronto será restablecido. - Habló el director-

Sin embargo, no era normal que las luces de emergencia se hubieran apagado también. Así se lo hizo saber Chelo, la portera mayor,  que intuía que había algo más detrás del apagón.
Iluminándose con los móviles, se dirigieron a las puertas para comprobar que alguien los había dejado encerrados.

- Tenemos que abrir las puertas como sea antes de que estas personas entren en pánico - Dijo el señor Álvarez a Chelo intentando controlar los nervios-

Una señora mayor sufrió un desmayo y el miedo comenzó a expandirse por el lugar- Todos corrieron a socorrer a la pobre mujer, pero a partir de ahí, la situación se complicó.

- Chicos, este apagón no puede ser fortuito - Comentó Pedro-
- Desde luego que no, está claro que algo está pasando fuera y por eso nos han encerrado. - Contestó Pepa-
- ¡Un robo! -Exclamó Estrella- Sólo alguien que va a robar se toma tantas molestias.

Se escuchó un fuerte golpe, al poco tiempo un grito de dolor y un gato maullando muy enfadado. Gambita se había topado con los malhechores.

- ¿Habéis oído eso? - Preguntó Julián - ¡Ha sido Gamba!
- Me parece que alguien lleva un lindo recuerdo de nuestro minino - Dijo Patricia riendo satisfecha-

El encierro duró exactamente treinta minutos, todo terminó cuando consiguieron que la luz volviera gracias a las gestiones de Chelo. En el centro del escenario de conferencias estaban los alemanes con cara de susto, no parecía que se hubieran movido de allí. Los asistentes a la charla tan pronto regresó la luz salieron de la sala, pero no pudieron abandonar el edificio porque la policía acababa de llegar.
El director recorrió el Museo para toparse con una desagradable sorpresa y es que la cabeza de Augusto velado había desaparecido, en su lugar, había un sobre que la policía no permitió que nadie tocase. No parecía faltar nada más, de momento.



- ¡Es horrible! ¡Es nuestro fundador y esa estatua no puede desaparecer así como así! - Exclamó el señor Álvarez muy enfadado!
- De verdad que todo esto es muy raro - Reflexionó Pepa - Qué casualidad que desaparezca la cabeza de Augusto justo en una conferencia sobre la batalla de Teutoburgo.
- Ya es raro, sí... - Añadió Estrella pensativa-
-  Tenemos qué saber lo que pone en esa carta - Dijo Pedro- Hay que pegarse a la policía.
- ¡Buena idea! - Contestó Patricia-

Pero no hizo falta, el director del Museo leyó en voz alta la nota que habían dejado los malhechores.

- Han robado la cabeza de Augusto y la colección de monedas. Piden un rescate o todo será destruido  en el plazo de 24 horas - Dijo apesadumbrado -

- ¿Cómo? -Preguntó Pepa indignada- ¡No se preocupe señor Álvarez!, nosotros estamos más que acostumbrados a tratar con esta gente. ¿Verdad chicos?
- ¡Por supuesto! - Contestaron a la vez-
- Estrella, ¿las monedas son todas de aquí? - Preguntó Patricia a su amiga.
- No, la mayoría de la colección ha sido adquirida en subastas pero hay piezas acuñadas en Mérida.
- Vaya... -Dijo Julián- Eso debe tener mucho valor para vosotros.
- Así es - Contestó Pedro - Pero si tuviera que elegir entre lo que han robado, me quedaría con la cabeza de Augusto velado. Ese retrato está dedicado al culto imperial.
- Tiene razón Pedro - Siguió Estrella - Para esta ciudad es importante recuperar esa escultura, representa a Augusto como Pontifex Maximus, máxima autoridad religiosa. Es nuestro fundador, sin él esta ciudad jamás hubiera existido.
- No os preocupéis chicos, recuperaremos todo. - Les animó Pepa-

En ese momento apareció Gambita que parecía venir de una batalla. Se le desprendían bolas de pelo cuando lo acariciaban y eso era señal de que había estado envuelto en una pelea.

- Bien precioso. Tienes que decirnos con quien te has peleado porque estoy seguro de que tú te has defendido y quien sea debe llevar un bonito recuerdo "gambitero"- Dijo Julián tomando en brazos al minino-

Estrella se acercó al señor Álvarez para preguntar si se sabía el lugar en el que habría de entregarse el rescate, necesitaban saber ese dato para poder organizarse.

- Querida niña, marchaos a casa, ha sido una noche desagradable y siento mucho que hayáis tenido que vivirla. - Contestó el director poniendo su mano sobre la cabeza de la pequeña- Podéis iros si así lo deseáis.
- Se lo agradecemos pero...,¡ni pensarlo!, de aquí no nos movemos hasta que no sepamos quien se ha llevado la cabeza de nuestro fundador - Contestó la niña-
- Muy bien, encontraremos esa estatua. Te lo prometo. -Contestó el señor Álvarez-

Entre tanto, Pepa y Julián daban conversación al policía que tenía la nota.

- La verdad señor, no hemos visto nada pero nuestro gato sí. - Dijo Pepa-
- ¿Vuestro gato? ¿Habéis venido al Museo con un gato?
- Sí..., verá, es una larga historia, El caso es que hemos escuchado un ...

Julián se quedó con la palabra en la boca cuando el policía levantó las manos en un claro gesto de hacerlo callar.

- Niños, no tengo tiempo para vuestras fantasías... - Cortó el policía de manera abrupta-

Pepa y Julián se quedaron asombrados pero decidieron no rendirse e investigar por su cuenta. Por supuesto, no compartirían con el policía antipático la información que tenían.
Los chicos comenzaron por observar a todos los asistentes a la conferencia. Alguien tenía que tener heridas si se había enfrentado a Gambita. Pedro y Estrella preguntaron a dos señoras de mediana edad que estaban siendo asistidas por el equipo médico trasladado hasta allí. Una de ellas dijo que había resbalado en la oscuridad y al caer se golpeó en el costado. No, ella quedaba excluida.

- Chicos, hay que observar principalmente a personas que tengan heridas en la cara y en las manos - Propuso Patricia-

Sorprendentemente, había más heridos de los que pensaban. En una situación de pánico las personas pueden llegar a perder el control y eso había sucedido con algunas; presas del miedo, habían tropezado y caído haciéndose heridas y hasta fracturas. En total, tres personas reunían las características que los chicos buscaban, una de ellas era Herbert Scheider, el arqueólogo alemán que tendría que haber dado la segunda charla.

- ¿Habéis observado la mano izquierda de Herbert? - Preguntó Pepa-
- Sí, lleva una venda y además el puño de la camisa tiene sangre - Contestó Estrella-
- ¿Y si vamos a preguntar por su estado? - Propuso Patricia-
- Bien pensado - Dijo Pedro- No sospechará de un puñado de niños. Estrella por favor, ¿me acompañas?

Estrella y Pedro se acercaron al alemán mientras los chicos observaban en la distancia la escena.

- Señor Scheider, ¿se encuentra bien? -Preguntó la niña- Veo que lleva una mano vendada-
- ¡Oh, sí! Gracias, es sólo un rasguño - Contestó el alemán con un español bastante aceptable-
- Está sangrando, señor. La otra mano - Señaló Pedro la mano derecha del arqueólogo-

Scheider se miró la palma de su mano, surcada por arañazos que sólo podían ser de un animal. Estrella, muy avispada, descubrió que la chaqueta del caballero estaba llena de pelo blanco y ese pelo era sin lugar a dudas de Gambita. Prudentemente, se despidieron y se reunieron de nuevo con los demás.

- ¿Qué habéis averiguado? -Preguntó Julián-
- Chicos, es él - Contestó Pedro - Tiene arañazos en las manos y la chaqueta llena de pelos de gato. Aunque lleve una venda, su mano izquierda está surcada también por las uñas de Gambita.
- Bien, pues vayamos a hablar con él. Que venga Gamba - Propuso Pepa-

Cuando el alemán los vio llegar acompañados del felino, quiso escapar pero Pedro y Julián le cerraron el paso.

- ¡"Quieto parao", querusco! - Le dijo Julián cortándole la salida-
- ¡Sabemos que ha sido usted quien ha robado la cabeza y las monedas!- Le espetó Estrella-
- ¿Yo? ¿Pero qué estáis diciendo? ¡Yo no he robado nada! - Contestó asustado al ver de nuevo a Gambita en actitud desafiante-
- ¿Y entonces por qué se asusta tanto al ver a nuestra mascota? - Preguntó Patricia acercando al gato-
- ¡Apartad a esa fiera de mi vista! - Gritó el alemán-
- Llamad a la policía chicos, creo que el señor Scheider tiene algunas cosillas que explicar. -Dijo Pepa-
- ¡Os digo que yo no he sido! -Insistió el arqueólogo-
- ¿Y entonces cómo explica esos arañazos y el pelo en su chaqueta? - Preguntó Julián- Hemos oído perfectamente un maullido, sus gritos y un golpe.
- ¡Claro! Porque cuando se apagó la luz, yo estaba viendo la estatua de Augusto. Es cierto que me ausenté durante la charla de mi colega, pero chicos no sabéis lo que es escuchar lo mismo una y otra vez durante dos años. También es cierto que me salté el cordón de protección donde están las estatuas, pero yo no he robado nada. - Se explicó Herbert-
- No le creo -Le dijo Pedro-
- Veréis. Yo estaba justo al lado de la cabeza de Augusto cuando la luz se apagó, en ese momento alguien a mi lado se movió y de la nada salió un gato que asustado debió tirar la estatua. No cayó en el suelo, golpeó a alguien que sí acabó rodando por él. Apenas se quejó pero por su lamento me pareció una mujer. No estoy seguro porque ese endemoniado gato comenzó a arañarme y morderme y no podía hacer nada por quitármelo de encima. - Dijo señalando a Gambita que en señal de reconciliación achinó los ojos- Los gritos que se oyeron eran míos.
- Pepa, creo que sé quien puede ser el ladrón, mejor dicho.., la ladrona,- Dijo Pedro-
- Te sigo, esa dama del golpe en el costado y esa otra que se desmayó tan oportunamente. Creo que  las dos tienen mucho que contar. -Contestó Pepa-
- Señor Scheider, le hemos acusado injustamente de un robo pero, ¿podrá perdonarnos? - Preguntó Pedro-
- Por supuesto, chicos. Sois muy listos, nadie más me ha preguntado por las heridas o le ha extrañado que un gato ande por aquí. Si me permitís, os acompaño. - Contestó el arqueólogo-

Buscaron a la mujer entre la gente pero no había ni rastro de ella.

- Si está herida, como creo, no puede haber ido muy lejos - Dijo el alemán-
- La última vez que la vimos estaba siendo atendida por un médico, puede que esté ya en el hospital - Aclaró Estrella-
- O no. - Mirad chicos, las ambulancias siguen en la puerta - Señaló Pepa-

A todo correr, se dirigieron a la que tenían más cerca y la diosa Fortuna hizo que la mujer estuviera siendo ingresada en ella.

- ¡Un momento! - Pidió el señor Scheider- He de hablar con esta mujer.

Cuando la señora vio al gato y al arqueólogo quiso levantarse de la camilla, pero los chicos se lo impidieron.

- ¡Ahhh, no! ¡Te vas a quedar en esa cama hasta que nos digas qué has hecho con la estatua de nuestro fundador! - Le dijo Pedro-
- Chicos es ella,  no olvidaría ese extraño perfume ni en un siglo. Al principio me chocó el olor, no podía relacionarlo con nada debido a su toque picante y amaderado, pero ahora no hay duda - Aclaró Herbert-
- Pero mira que eres torpe hija mía, ¡ponerte perfume caro para ir a robar! - Le dijo Pepa-
- ¡No diré nada a estos mocosos! - Gritó la mujer nerviosa-
- ¡No se preocupe¡ Ya nos lo cuenta a nosotros - Habló el policía antipático que había permanecido atento a todos los movimientos del Gambigrupo-
- Anda, ¡llegó Agripa! Ea, pues ya estamos todos - Murmuró Julián-
- ¡Chicos, enhorabuena! -Exclamo el agente-. El señor Álvarez me recomendó no perderos de vista, me contó que habéis dado con ladrones de patrimonio en vuestra zona y que era mejor dejaros a vuestro aire. Por eso - habló dirigiéndose a Julián- te interrumpí de mala forma cuando ibas a contarme lo que habíais descubierto. No quería coartar vuestra iniciativa dándoos apoyo. ¡Sois fantásticos!

Los niños se miraron sorprendidos, ¡vaya una forma de animarlos a investigar! Pero rieron satisfechos cuando supieron que las ladronas no pudieron sacar del museo el botín porque Gambita en su acelerada huida durante el apagón, hizo caer a Augusto sobre su captora y le partió dos costillas.

- Vaya..., eso sí que es un buen emperador, ¡ganando batallas dos mil años después de su muerte! - Exclamó Pepa divertida-
- Tenían cuatro cómplices más, -aclaró el policía- uno que se encargó de desconectar toda la luz del museo y que les esperaba fuera, otro que subió a robar las monedas, -fue el fortísimo golpe que escuchasteis durante el encierro-, y dos que se encargaron de los vigilantes, pero todo se torció cuando la cabecilla del clan salió herida. Tuvieron que esconder a prisa y corriendo el botín en la Cripta del Museo, exactamente en el lugar donde se halla la vivienda romana.
- Vaya... -Dijo Julián- Parece que lo tenían todo perfectamente planeado. ¡Y qué mala baba esperar a que vinieran los alemanes para culparles del robo!
- Muy retorcido chicos, pero gracias a vosotros hemos podido atraparlos. Espero que os quedéis unos días por aquí, os llevaré a conocer las instalaciones de la Policía. ¿Qué os parece? - Propuso el agente-
- ¿Y nos dejará poner la sirena en su coche? - Preguntó Patricia-
- ¡Eso está hecho! - Contestó el policía guiñándoles un ojo-

A los niños les encantó la propuesta y aceptaron encantados.

- Señor Álvarez, ¿cómo pudieron los ladrones llevar la cabeza hasta la domus? Si no recuerdo mal, durante el recorrido vi un puesto donde tendría que haber un vigilante de sala. - Preguntó Pepa al director del Museo-
- Muy observadora, Pepa. En realidad no había vigilante, no íbamos a incluir la visita a la Cripta y la vivienda romana, pero a última hora, Chelo y yo pensamos que sería una pena negarles la oportunidad de ver esta zona a personas venidas de muy lejos sólo para vivir esta experiencia. A fin de cuentas, éramos un grupo reducido y especial, no intuíamos que pudiera pasar algo así.  No me explico cómo los malhechores han podido infiltrarse y lo que es peor, cómo han burlado a los vigilantes que custodian la zona donde se exhiben las monedas.
- Eso puedo explicarlo yo- Interrumpió de nuevo el policía- Hemos encontrado a varios vigilantes sin sentido, los médicos nos han dicho que les suministraron un fuerte somnífero, pero quédese tranquilo,  están fuera de peligro. Señor Álvarez, esa gente estaba bien organizada, es igual que hubiera habido vigilancia en la Cripta, los habrían reducido como a los demás No le dé más vueltas porque todo ha terminado bien. Y ahora, vayan a descansar, se lo han merecido.
- Pues si todo está bien, ¿qué os parece si mañana vamos a visitar el Teatro y el Anfiteatro y os cuento una historia de naumaquias? - Propuso el señor Álvarez al Gambigrupo-
- ¡Oh, sí! ¡Sí por favor! - Exclamó Patricia- ¡Nos encantará conocer cómo llenaban de agua el Anfiteatro y metían barcos dentro!
- Y nosotros le contaremos cosas de Mellaria, ¿sabe que el Guadiato cordobés también era romano? - Le preguntó Pepa-
- Claro, querida niña, los directores de Museos arqueológicos, ¡lo sabemos todo sobre romanos!- Contestó el señor Álvarez riendo-

Antes de marcharse a casa y acompañados de su amigo, los niños fueron a comprobar que  la cabeza de Augusto velado estaba de nuevo en el lugar que le correspondía.


- Es impresionante, ¿verdad chicos? - Dijo el director-
- Sí, ahí está mirándonos el gran Augusto que estuvo, está y estará en Mérida por los siglos de los siglos - Habló Pedro-
- En su casa, que es donde debe estar -Añadió Pepa satisfecha-
- Bueno niños, ¡a casa! Mañana tenemos un día repleto de visitas así que tenéis que descansar muy bien y desayunar mejor -Les dijo el señor Álvarez-
- Pierda cuidado, con ese jamón tan rico que tienen en Extremadura, ninguno saldremos de casa sin haber comido antes una buena tostada -Dijo Julián provocando la risa de todos-

Y se marcharon de la mano de su nuevo amigo, José María, como le pidió que le llamaran. A ratos, discutían porque todos querían cogerse de su mano, disputa que solucionó proponiendo que se agarraran fuerte a su chaqueta.
Felices, caminaron junto al director, un hombre al que admiraban mucho más que a esos chicos del balón que salían por la tele; y es que él representaba todo aquello que nuestros niños querían ser de mayores: un gran profesional, un buen hombre y un gran conocedor de esa Historia maravillosa que aguarda como un tesoro a la espera de ser descubierto. ¿A qué esperáis?


NOTA: Muchas gracias a Olga García Balongo y M. Estrella Sánchez Cordero por contarme tantas cosas que me han permitido construir el cuento.
Gracias a Javier Romero por ayudarme con las fotos y hacer "desaparecer" a nuestro querido Augusto.

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