miércoles, 21 de febrero de 2018

Las aventuras de Gamba Holmes y Florito Watson. El tesoro de San Isidoro.

El señor Gamba Holmes y su querido amigo Florito Watson, disfrutaban de unas merecidas vacaciones en el espléndido manor que el primero poseía en la localidad de Bibury, condado de Gloucestershire.
Mientras saboreaban el té, recordaban viejos tiempos en la Universidad Felina de Gambridge, donde ambos habían estudiado y de la que guardaban gratos recuerdos. La conversación se vio interrumpida por la aparición de la señora Baxter que traía recado para Holmes.

- Disculpe señor Holmes, tiene una llamada de teléfono desde España y parece urgente. Se trata de la señorita del Teso.

Al oír el nombre, el gato dio un salto de la silla y se perdió en el interior de la casa.

- Gracias, señora Baxter, puede retirarse- dice Holmes tapando con su mano el auricular- ¡Querida Lola qué sorpresa! 
- ¡Amigo Holmes! ¿Cómo se encuentra? Qué alegría escucharle - se oye al otro lado del teléfono-
- Estoy bien, gracias, pasando el verano en Bibury, ya sabes que los rigores de Córdoba no me sientan nada bien. Pero dime, ¿cómo estás tú? ¿A que debo esta agradable sorpresa?
- No demasiado bien, querido señor Holmes, no demasiado bien. Le llamo porque necesito su ayuda y la del doctor Florito Watson. Han robado una parte del Tesoro de San Isidoro y estamos muy preocupados. Por fortuna, aún no ha trascendido la noticia a los periódicos, pero no sabemos cuánto tiempo podremos ocultarla.

Al oír la noticia, el señor Holmes enmudeció, pasados unos segundos pudo reaccionar.

- ¿Pero cómo? Tenía entendido que se custodia bajo fuertes medidas de seguridad. ¿Quién ha podido llegar hasta allí?
- No tenemos idea, por eso necesito que vengan. Hemos cerrado la basílica durante unos días con la excusa de realizar trabajos de restauración, de ese modo podremos movernos con tranquilidad.
- Muy bien, querida, tomaremos un tren a Londres e intentaremos estar en León lo antes posible. 
- ¡Oh, gracias! Sabía que podía contar con ustedes. Una cosa que creo deberían saber: En el lugar donde se hallaban los tesoros, el ladrón o ladrones han dejado depositada una botella de champagne vacía y dos copas.
- De acuerdo, Lola, gracias por la información, me será de gran ayuda. Cuídate querida, nos vemos en unos días.

El señor Holmes volvió al jardín y puso al corriente a su amigo de todo cuanto había hablado con la señorita del  Teso, sin duda, este era un trabajo para ellos, los mejores y más reconocidos detectives del momento.


De camino a España, Gamba contó a Florito que Lola era hija de unos amigos, una gatita lista que había sacado su carrera de Historia con las mejores notas y que con no poco esfuerzo, había conseguido ser la responsable de la conservación de, nada más y nada menos, que el Tesoro de San Isidoro, custodiado en la basílica del mismo nombre en León, España. Allí se encontraba el famoso Cáliz de doña Urraca al que algunos historiadores apuntaban como el verdadero Santo Grial. 

- Y dice que han dejado una botella de champagne y dos copas. ¿Tiene alguna idea de lo que significa? - Preguntó Florito Watson.
- Por supuesto, doctor. Es el modus operandis de Erik el Gato, un minino belga gran pintor y restaurador, experto en falsificaciones y el mayor  ladrón de obras de arte que pueda imaginar. Fue detenido cuando se disponía a robar en la catedral de El Burgo de Osma. 
- Si está en prisión, no es nuestro hombre.
- Se equivoca amigo, no está en prisión, llegó a un acuerdo con las autoridades españolas a cambio de prestar ayuda para la recuperación de las obras de arte sustraídas. Hoy, es un ciudadano respetable que vive en la costa malagueña, sigue colaborando con la ley y exponiendo sus pinturas en galerías. 
No obstante, he llamado a mi amigo, el inspector Peláez de la policía de Málaga, y me confirma que en las fechas en las que se produjo el robo en San Isidoro, Erik el Gato se hallaba en la capital exponiendo sus creaciones.
- Excelente, señor Holmes.

A la llegada a la plaza de San Isidoro, la basílica les recibía con su imponente románico, los dos amigos quedaron boquiabiertos ante la belleza que se desplegaba frente a sus ojos.

- Realmente maravilloso - Dijo el señor Watson-

Por la Puerta del Cordero apareció el responsable de seguridad de la basílica, el señor Pablo de la Vega. Holmes y Watson quedaron admirados una vez más por la belleza del conjunto arquitectónico que tendían delante.

Foto: Solbaken.

- Bienvenidos, señores - Dijo el señor de la Vega extendiendo la mano primero a Watson y luego a Holmes- ¿Se han alojado ya?
- Oh, sí, estamos en el hotel contiguo a la basílica. Gracias. -Contestó Holmes-
- Bien, pues síganme por favor, la señorita del Teso les está esperando.

Lola aguardaba en la biblioteca junto al responsable de la misma, el señor Benito Acosta y un chico joven que era su ayudante. El grupo se hallaba enfrascado en una conversación que parecía ser interesante.

- ¡Queridos amigos!, al fin llegaron. Exclamó la gatita al verlos.

Tras los saludos y presentaciones, fueron directamente al grano. 

- Como ya les adelanté -Habló la señorita del Teso- Parte del tesoro ha sido sustraído del museo sin que hasta la fecha tengamos pista alguna sobre los ladrones. En concreto se han llevado el Cáliz de doña Urraca y la Arqueta de San Isidoro.
- ¿Podríamos inspeccionar el museo? Confío en que nadie haya entrado en ese lugar desde el robo. -Dijo el señor Holmes-
- En absoluto, la puerta permanece cerrada desde entonces y vigilada las veinticuatro horas por uno de mis hombres. -Contestó el señor de la Vega-
- Bien, vayamos entonces. -Propuso Holmes-

De camino a la Torre del Gallo, donde se guardaba el cáliz, la señorita del Teso fue exponiendo algunos detalles del lugar que visitaban.

- El cáliz no se custodia en la Capilla de los Quiñones, como el resto del tesoro, sino que está en el primer nivel de la Torre del Gallo. Tras los recientes descubrimientos que lo señalan como el Grial, decidimos ubicarlo allí para que los visitantes pudieran admirarlo mejor.
- ¿Y eso no lo hace más vulnerable? - Preguntó el doctor Watson-
- Bueno, pensábamos que no -contestó el señor Acosta- pero ya ve que los ladrones no encuentran freno en sus fechorías.
Torre del Gallo.

Al llegar, se toparon con un guardia que custodiaba la entrada. El señor de la Vega aprovechó para hacerles una advertencia.

- Señores, anden con cuidado, las cerraduras de la puerta fueron engrasadas el mismo día del robo y  todavía pueden manchar. 

El responsable de la seguridad se acercó a la enorme reja y abrió los cerrojos que impedían la entrada. Utilizó hasta tres llaves diferentes hasta que al fin cedió  y tuvieron acceso a la sala.

- Dígame, señor de la Vega, ¿alguien más además de usted tiene acceso a estas llaves y a las de la capilla? - Preguntó Holmes.
- Nadie más, señor. Existe una copia de estas y del resto de puertas que están depositadas en el Banco Felino-Leonés.
- ¿Y qué hace cuando regresa a casa? ¿Las deja en la basílica?
- No, las llaves me acompañan siempre. Mi padre fue el responsable de seguridad de San Isidoro y también lo fue mi abuelo y el padre de este. Las llaves han ido pasando de generación en generación. Si un día no puedo cerrar yo, se encarga mi hijo.
- ¿Y cómo está tan seguro de que en algún momento no se hicieron copias? - Preguntó el señor Holmes.

La señorita del Teso observó la creciente indignación en el rostro de don Pablo y se apresuró a intervenir.

- Señor Holmes, le aseguro que la familia de la Vega es de nuestra entera confianza, algunos de sus miembros han defendido el tesoro de este lugar con su vida y cuando le digo esto, se lo digo de manera literal.

- Mis disculpas, don Pablo. - Añadió Holmes-

El gato de la Vega, alto y grueso, se atusó los bigotes y respiró profundamente para disimular su monumental enfado.

- Está bien, está bien, comprendo que mi trabajo me pone en una situación un tanto delicada. - Añadió-

Detrás de él, el doctor Watson le susurró al oído.

- No se lo tome en cuenta, señor. Holmes adolece de excesivo celo en todo lo que hace. 
- Ya, comprendo. - Contestó molesto aún-

Dentro de la torre, en el lugar donde debía estar el cáliz aparecía la botella de champagne vacía y las dos copas.

- Esto es un insulto a la inteligencia de Erik el Gato - Susurró Holmes-
- ¿Tiene alguna idea de lo que significa? - Preguntó el bibliotecario-
- ¡Por supuesto!, pero créame que no tiene sentido. El señor que utilizaba esta broma estaba muy lejos de aquí cuando se produjo el robo - Contestó Holmes-
- Se refiere al famoso ladrón de arte, ¿verdad? - Preguntó el gato joven que hasta ahora no había abierto la boca-
- Efectivamente, muchacho.
- ¿Lo sabías? -Preguntó la señorita del Teso un tanto molesta- ¿Sabías que hay un ladrón que deja botellas de champagne y no me informaste? Luis, estoy decepcionada.
- Verás, Lola, hice mi tesis de final de carrera sobre él y sé que era del todo imposible que hubiera estado involucrado en el robo.
- Luis, deberías haberme informado - Habló el señor de la Vega - 
- Papá..., yo 
- ¿Papá? -¿Es usted hijo de don Pablo? ¿Por qué no se me ha dicho antes? Cuando don Pablo le ha mencionado pensé que sería alguno de los vigilantes- Dijo Holmes enfadado-

La gatita se giró molesta dedicando una mirada furibunda al joven.

- Bien, creo que aquí no hay nada más que ver, si me acompañan iremos a la capilla y el resto se lo explicaré a usted y al doctor Watson esta noche. Cenaremos en compañía del señor de la Vega y  de su hijo, entonces les aclararemos todo.

- Aquí hay algo raro - susurró Watson a su amigo-

Se desplazaron hasta la capilla, allí de nuevo se siguió el ritual de los cerrojos, pero esta vez en una imponente puerta de madera. Cuatro maravillosas tallas románicas flanqueaban la entrada, dos correspondían a Santa Ana y las otras dos a vírgenes con niño. Su belleza era indiscutible.

Capilla Quiñones

- Señorita del Teso - Habló el doctor Watson para rebajar la tensión que se había instalado entre los presentes- He observado que el templo está repleto de animales enigmáticos y extrañas criaturas. ¿Qué significan?
- Muy observador, doctor -sonrió sorprendida- San Isidoro alberga una colección única de animales maravillosos, puedo decir que no hay otra igual. Es posible que <<al no conocer sus creadores su naturaleza>>, muchas de las criaturas sean inventadas, por eso hay elefantes con la trompa en la cabeza.
- ¿Y esas otras extrañas criaturas con cuerpo humano y cabeza de animal? Me recuerda la iconografía egipcia, pero ¿qué hacen en un templo cristiano miles de años después y tan lejos de Egipto?
- Doctor Watson, bienvenido a los misterios de San Isidoro, está usted ante el templo con más enigmas y secretos del territorio español. -Sonrió la bella Lola disipando los malos momentos anteriores-

Al entrar en la capilla, la misma imagen de la botella y las copas sustituía a la Arqueta de las Reliquias de San Isidoro.

Finalizó así una mañana llena de preguntas y enigmas, la noche se presentó lluviosa y los detectives decidieron tomar un coche de caballos para cubrir el trayecto que separaba su hotel del restaurante en el que habían quedado con los señores de la Vega y la señorita del Teso. Al llegar, les recibió el joven Luis.

- Por favor, acompáñenme, mi padre y Lola aguardan su llegada.
- ¿Lola? - Pensó Watson- ¡Cuánta insolencia en estos jóvenes!

Tomaron asiento y rápido pasaron a la cena, momento que la gatita aprovechó para aclarar algunas cuestiones.

- Señor Holmes, Luis es mi prometido, por eso nos tratamos con tanta familiaridad, pensaba habérselo comunicado hace unas semanas, pero sucedió lo del robo. Queremos casarnos en la catedral el próximo invierno y si le he hecho venir a cenar es porque deseo pedirle que sea mi padrino. Usted y mi padre eran como hermanos, al faltar él, no veo mejor sustituto que usted.

El detective se llenó de orgullo ante tan especial propuesta.

- ¡Oh, mi querida Lola! Por supuesto que acepto ser tu padrino, mi más sincera enhorabuena, chicos. En cuanto a ti -dijo mirando al menor de los de la Vega- espero que la hagas feliz o encontraré la manera de hacerte entrar en la cárcel y que no vuelvas a salir nunca más -

Los presentes rieron la ocurrencia del señor Holmes, aunque Luis <<bastante inquieto con el personaje>>, no dejó de pensar que sus palabras lejos de ser una broma, constituían una sincera advertencia.
La noche transcurría amena, con constantes cambios de conversación para volver siempre al robo.

- ¿Qué me dice de sus ayudantes, señor de la Vega? ¿Confía usted en ellos? - Preguntó el doctor Watson.
- Bueno, los he investigado y aunque no puedo asegurarle al cien por cien que sean inocentes, no parece que ninguno esté involucrado. He comprobado las coartadas de los que en ese momento tenían turno de día y son seguras. En cuanto a los que se hallaban en el edificio, dicen no haber oído ni visto nada. Las puertas no estaban forzadas.
- Lo cuál nos dice que la persona o personas que sustrajeron las piezas, tenían una copia de las llaves - Aclaró Holmes-

Don Pablo se removió inquieto en su asiento.

- Yo también he llegado a esa conclusión, si las puertas no estaban forzadas es porque alguien tenía acceso, eso nos pone a mi hijo y a mí en una situación un tanto delicada.
- Cierto - Asintió Holmes con ese aire que tanto molestaba a los de la Vega- ¿Qué tal es el señor Acosta? ¿Lleva mucho tiempo como bibliotecario? 
- Lleva veinte años en el puesto, pero aún le queda para jubilarse - Contestó Luis- Es un señor muy culto, totalmente dedicado a su trabajo y amante de la historia. Cuida de los documentos como si fueran sus hijos y me está enseñando todo sobre su conservación para el día que le sustituya, aunque como ya le digo, eso queda aún lejano.
- Señor Holmes - Habló Lola- La noche del robo, tanto don Pablo como su hijo estaban en mi casa en compañía de doña Elvira, mi futura suegra; habían venido a pedir mi mano.
- Bien, supongo que eso les excluye como sospechosos - Dijo Holmes mirando a padre e hijo-

Un camarero se acercó al detective y le entregó una nota manuscrita.

- La han dejado para usted, señor Holmes -dijo el muchacho con voz aflautada-
- ¿Ha visto quien era? 
- Ha sido un niño, señor.

En la nota amenazaban a los detectives, animándoles a dejar la ciudad en menos de veinticuatro horas si no querían ver peligrar sus vidas. Holmes pasó la nota a Watson que la observó con detenimiento.

- Está escrita por un zurdo.
- ¿Cómo sabe eso? - Preguntó don Pablo-
- Observe - dijo Watson enseñándole la nota- las vocales o y a están escritas al revés, es decir, el trazo comienza de derecha a izquierda, mientras que los diestros las hacen al contrario. Yo, soy zurdo.
- Qué interesante... - Susurró Lola-
- Señor Holmes, hay varios trabajadores zurdos, entre ellos el señor Acosta - Apuntó Luis-
- Pero Acosta no pudo ser porque esa noche me acompañó hasta casa  junto al párroco de la basílica . Se dirigían al encuentro del señor obispo, con quien habían quedado para discutir un asunto sobre unos legajos de la biblioteca. - Aclaró el señor de la Vega-
- Bien, pues eso podría descartarlo, al menos hasta que comprobemos la hora en que se separó del obispo y el sacerdote - Afirmó  Holmes- En cualquier caso, dudo mucho que el ladrón sea quien sea actuara solo, alguien tuvo que ayudarle desde dentro.

A la mañana siguiente, el señor Watson se dirigió a la habitación de su compañero pero este se hallaba levantado desde muy temprano y había salido. Dejó una nota donde le pedía que se reuniera con él en un café de la calle Colón. 
Al bajar del carruaje, Florito distinguió la figura de Holmes a través de la enorme cristalera del establecimiento.

- Querido Watson, tengo una información que le va a interesar.
- Soy todo oídos.
- He visitado el banco donde se encuentran depositadas -entre otras- las copias de las llaves de la capilla y la torre.
- ¿Algo a destacar?
- Me ha atendido un joven balbuceante, algo nervioso que me ha hecho sospechar. Sin que yo preguntara, me ha dicho que en ningún momento han salido las llaves de allí, con lo cuál no han podido utilizarse para ninguno de los  robos.
- ¿Y cómo sabía que ha habido un robo? ¿O ha habido más de uno? Por lo que sabemos, aún no ha transcendido noticia alguna.
- Elemental, querido Floro. Hemos pillado al cómplice y creo que hoy pillaremos al ladrón.

De vuelta a la basílica, la señorita del Teso les recibe muy alterada.

- Señor Holmes, ¿dónde estaban?, llevo toda la mañana intentando localizarles. ¡Ha sucedido algo terrible!. - Dice nerviosa-
- ¿Y bien? Me tienes en ascuas, querida - Dice Holmes-
- Se ha producido otro robo, ha desaparecido de la capilla el Arca de los Marfiles.

Los detectives se miraron. Todo encajaba.

- ¿Han vuelto a dejar la botella de champagne y las copas?
- No, esta vez no había nada.
- Bien, entremos a echar un vistazo. Doctor Watson, me gustaría que volviera al hotel y trajera mi maletín, lo he olvidado.
- Pero Holmes... - Watson sabía que no había ningún maletín, así que cerró la boca e hizo lo que le habían pedido-

Los demás se dirigieron a la biblioteca donde el señor Holmes deseaba interrogar a los trabajadores. En medio de una conversación con uno de los ayudantes de seguridad, el detective no vio una estantería, tropezó y cayó aparatosamente sobre su mano derecha.

- ¡Señor Holmes! ¿Se encuentra bien? - El joven de la Vega se apresuró a ayudar.
- ¡Vaya fastidio! ¡Creo que me he fracturado algún hueso! - Exclamó con un rictus de dolor-
- No se preocupe -le llevaremos de inmediato al hospital- Propuso el joven.
- Necesito enviar una nota al doctor Watson, él sabrá qué hacer. Señor Acosta por favor, si es tan amable.

El bibliotecario corrió a coger papel y pluma y se sentó a escribir lo que el señor Holmes dictó. 

- Bien amigo, si ha terminado, ¿podría enseñarme la nota? - Preguntó el detective al bibliotecario-
- Claro, faltaría más.

Holmes se incorporó y extrajo de su chaqueta la nota que habían recibido él y Watson la noche anterior en el restaurante, la letra coincidía y el papel amarillento también.

- ¿No decía que se había fracturado la mano? - Preguntó Lola extrañada.
- Ya ves, querida, creo que la sorpresa me la ha arreglado. Señor Acosta, ¿podría quitarse la chaqueta?
- ¿Y por qué habría de hacerlo? - El bibliotecario se puso a la defensiva-
- Es mejor que haga lo que dice - Le ordenó don Pablo-

El señor Holmes tomó la chaqueta y mostró una pequeña mancha que había en el bajo de uno de los delanteros.

- Señores, es grasa. Cuando entramos en la Torre del Gallo, usted, señor de la Vega, nos advirtió de que andásemos con cuidado pues las cerraduras habían sido engrasadas. Antes de abandonar el edificio me fijé en la mancha de la chaqueta del señor Acosta, si la puerta había sido engrasada el día del robo, sólo pudo mancharse entonces pues después ya nadie más tuvo acceso a la torre. Sin embargo, tras las aclaraciones que usted me dio de la noche que le acompañaron a casa, descarté su participación.
- ¿Y que le lleva a pensar que he sido yo el ladrón? - Preguntó muy ofendido el bibliotecario-
- ¿Le suena de algo el nombre de Pedro Martín? - Preguntó a su vez el detective.
- Es el interventor del banco Felino-Leonés - Contestó don Pablo- Siempre me acompaña en mi habitual comprobación de las llaves, suelo ir dos veces al mes para saber que está todo en orden.
- Efectivamente. Esta mañana le he visitado, me ha sorprendido que supiera del robo cuando la información aún no ha trascendido, por si esto fuera poco, ha hablado de robos, en plural, cuando aún yo no tenía conocimiento de la desaparición del Arca de los marfiles. Para finalizar, el señor Acosta ha cometido un grave error con no dejar de nuevo la botella y las copas, al descubrir que todos sabíamos que Erik quedaba excluido, vio innecesario seguir con el teatro, con lo cuál se delató. Después, sólo he tenido que avisar al inspector Peña.

En ese momento, el señor Acosta intentó huir pero la policía entró en la biblioteca y lo detuvo. El inspector les informó de que el bancario era en realidad un sobrino de Acosta y ambos habían planeado el robo para después vender las piezas a un coleccionista alemán. Pertenecían a una banda criminal perfectamente organizada y camuflada, así que las advertencias en la nota a los detectives, no había que tomarlas a broma. Afortunadamente, todos habían sido detenidos.

- Señor Holmes, permítame que le felicite, ha estado brillante - Dijo el inspector-
- Así que él mismo sustrajo las piezas... - susurró la señorita del Teso-
- Así es, nadie mejor que él conoce los recovecos de San Isidoro, así que su socio le proporcionó las llaves y él hizo el resto. Acosta se despidió del obispo y el párroco a la una de la madrugada, a partir de ahí, no tenía coartada.

De nuevo la lluvia hacía presencia en la mañana leonesa, el señor Gamba Holmes y el doctor Florito Watson, tras solucionar el día anterior el caso,  se disponían a partir de vuelta a Bibury para continuar sus vacaciones.

- Señor Holmes, muchas gracias por su trabajo, jamás hubiéramos creído que don Benito era el autor de los robos. Créame que aún me cuesta aceptar que ese hombre esté detrás de todo. - Confesó apesadumbrado el pequeño de los de la Vega-
- Muchacho, nunca hay que bajar la guardia ante nadie por conocido que sea, recuérdalo. - Contestó el detective-
- ¿Sabe? Luis ha conseguido el puesto de bibliotecario, así que estamos muy contentos - Informó la señorita del Teso-
- Vaya, ¡que sea enhorabuena!- Exclamó Watson-
- Muchas gracias a los dos, señores - Habló don Pablo - Ha sido un placer contar con su presencia aquí. Ahora, tengan buen viaje. Nos veremos en la boda.

El carruaje se perdió rumbo a la estación de tren, una vez más los intrépidos Holmes y Watson habían resuelto un caso complicado y evitado así el expolio de nuestro patrimonio. En próximas aventuras, descubriremos el increíble don de los felinos para resolver los enigmas más enrevesados. ¡No te las pierdas!


Cáliz de doña Urraca.


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¡La señorita Lola del Teso! Muchas gracias a su dueña, Rocío, por dejarla participar en la aventura. Jeje


NOTA: Ignoro si la Torre del Gallo y la Capilla Quiñones tienen puertas de acceso, me he tomado esa licencia para poder montar la trama. 


Relato inscrito en el Registro Propiedad Intelectual con el número:  1708273370354
Prohibida su copia total o parcial y/o reproducción por cualquier medio sin consentimiento expreso y por escrito de su autora.






lunes, 5 de febrero de 2018

INVIERNO CHARRO

Quíone ha extendido el manto y ha coronado los árboles que suplicantes levantan sus ramas a la diosa. Trajes blancos para el invierno que adormece la sangre de los gigantes, una sangre que tornará verde en unos días, pero ahora no, ahora, la pureza descansa en los viejos brazos del bosque.
Se oyen unos pasos, es el viento que coge el camino empedrado para subir a lo alto y jugar con los copos que alocados, se dispersan y enredan en los lugares más insospechados. Hay copos en mi pelo, en las piedras, en la hierba invisible que duerme bajo la capa cremosa, hay copos que cubren de filigrana los pastos desnudos, abrazando sus cuerpos que elegantes comienzan la danza invernal.
Nieve, invierno en el Gredos charro que trae a la memoria poemas de Fray Luis de León y sombras de reyes que hace tiempo, dejaron su corona para partir hacia las estrellas.
Invierno en España, la Naturaleza duerme.

Bajo licencia SafeCreative.
Fotos gentileza de mi amigo Manolo Rubio que siempre tiene a la vista hermosos paisajes del territorio español.


sábado, 13 de enero de 2018

CAMINO A NOSOTROS.

Los árboles han envuelto sus ramas en tules de gas, camino mirando al final de la espesa cortina, preguntándome qué habrá tras la niebla que desdibuja al bosque. Tal vez duendes de otras épocas olvidadas por el Hombre, arropados por el sueño de los siglos a la espera de que algún mortal que crea en ellos los despierte. 
Sobre el camino sólo mi respiración y mis pasos, soledad maravillosa que me reconcilia con lo que somos. ¿Y qué somos? Somos caminantes en busca de destinos, de respuestas, de sabiduría, de belleza, de sueños. Somos caminantes hacia nosotros mismos, nuestra meta es la vida, pero hay quien no lo sabe. Es un camino de almas buscando despojarse de sus vestiduras, no las necesitan para llegar a su recompensa. Una capa, dos capas, tres capas..., hay que sacarse las capas y llegar con las manos desnudas, dispuestas a abarcar todo lo que la vida ofrece que no es más que AMOR. 
Me detengo, los árboles crujen, el viento que viene salpicado de agua se enreda en mi pelo y me cuenta historias de dioses que duermen en su Olimpo, olvidados ya por quienes en nada creen. Despertarán, lo sé. Continuo con el corazón abrigado de pensamientos, busco retrospectiva de mi vida y la encuentro aquí, entre la bruma que me envuelve a cada paso. Es curioso, quiero avanzar pero miro atrás, ¿es lógico? Es humano, me digo. Humano, almas, corazón...., todo es lo mismo, al final del trayecto la carne se sublimará buscando lo divino y entonces conoceremos de verdad quienes somos y por qué.
Camino, comprensión y vida, es todo cuanto hay ante mis ojos en esta mañana de perlas grises colgando del cielo.

Bajo licencia SafeCreative.
La foto es gentileza de mi amigo Manolo Rubio, las letras son mías pero bien pudieran ser sus pensamientos enredados en esos preciosos paisajes que visita y vive. 

martes, 9 de enero de 2018

Capa de armiño para Casa Encantada.

Se ha apagado el cielo, bajo el plomo de las nubes la nieve se extiende llegando hasta los pies de Casa Encantada. Como la reina es coqueta, se ha cubierto los hombros con algunos copos y simula capa de armiño sobre los huesos desnudos. La vejez de sus ladrillos no le ha traspasado el alma y por eso juega con lo que el tiempo le ofrece: nieve, agua, siembras de verdes lujuriosos, flashes de curiosos, miradas conocidas... Quien sabe cuánto futuro le espera.
Hoy, ha cogido el silencio por los picos y lo ha depositado en el aire, se ha aislado de los pájaros y las voces para disfrutar de un frío que le ha regalado manto de reina. No tirita, el viento le trae perlas que prende a sus ventanas, esperando unas manos que vuelvan a cerrar sus postigos. 
Me alejo, la dejo soñar mientras el agua comienza a caer y la desposee de unas joyas tan efímeras como sus deseos. Sonrío y me doy cuenta de que nada podemos llevarnos de aquí que no sea el amor, es la única moneda que acepta el barquero de la eternidad.
Buenas tardes Casa Encantada, mis letras serán tu esqueleto, el que soporte los inviernos y los olvidos cuando por fin decidas volver a la tierra que te alumbró.
Pepa Gómez.
Bajo licencia SafeCreative.

Foto de mi amigo Manolo Rubio.

jueves, 4 de enero de 2018

Carta a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente.

Queridos Reyes Magos:
He sabido por fuentes fiables que este año van a estar dos días en España y eso es...., ¡fantástico! Según me cuentan, las inclemencias meteorológicas impiden a los camellos hacer su recorrido en una sola noche y por eso van a tener que trabajar un día más, es decir, el día 4 y el 5. 
Me parece maravilloso y muy considerado que Sus Majestades hayan adelantado su viaje desde Oriente para impedir que los niños se queden sin juguetes. Por aquí todos han sido muy buenos, por eso están muy contentos de saber que tendrán el privilegio de verlos un día antes que otros niños. Realmente están muy alegres y agradecidos, Majestades. También se sienten felices porque podrán ver cabalgatas durante dos días y de este modo, disfrutar más de su presencia. ¡Es un regalo extra!
Quería comentarles que como este año necesitan hacer noche por tener que trabajar el doble, los habitantes de Peñarroya-Pueblonuevo desean ofrecerles el Almacén Central, que es un edificio maravilloso digno de la importancia de Sus Majestades. Yo les ofrecería Casa Encantada, pero es que van a estar un poco apretadillos y con la lagartija Matilda haciendo de las suyas..., no van a poder dormir. 
En el Amacén tendrán todas las comodidades para su descanso y el de los pajes reales, también comida, agua y un buen establo con heno para los camellos. Eso sí, les agradecería contestasen los antes posible a mi carta porque hay mucho que hacer y todos estamos muy nerviosos ante la posibilidad de que nos elijan para pernoctar.
No quiero entretenerles, sé que ya vienen de camino así que les deseo buen viaje. Abríguense muy bien porque este año les toca pasar dos noches trabajando y hace mucho frío. ¡Ah! Y no se olviden de los mayores, somos regulares pero en 2018 prometemos enmendarnos.
A la espera de sus letras y en nombre de los habitantes de Casa Encantada, reciban un cordial saludo de Pepa Gómez.

PS: ¡Y muchísimas gracias por traernos la lluvia!


domingo, 17 de diciembre de 2017

NAVIDAD CON RUFINA.



El invierno ha descendido ya sobre los campos y las hojas secas se mezclan con las primeras nieves. Alfombra multicolor que nuestra amiga Rufina pisa feliz en esta mañana de lunes.
Rufina es una liebre, tiene las orejas más bonitas del mundo y cuando corre se ven dos lunares blancos prendidos de ellas, como si fueran bolitas de algodón saltando entre la hierba.
Hoy está especialmente feliz, pues ha recibido carta de su tía Jesusa en la que le anuncia su llegada para las Navidades ¡Es fantástico pasar la Navidad en familia! Le acompañará el tío Ramón y por supuesto los primos, Pepino y Flor. 
Muy temprano, Rufina ha preparado la casa, porque nuestra liebre es muy peculiar y se hizo construir un hogar debajo de la encina más hermosa de la comarca. Don Matías, el topo, le ayudó y le ha quedado una vivienda espaciosa y ventilada que casi siempre está llena de amigos. 

Ahora se dirige a ver a Ernestina, una coneja con la que asistió al colegio y con la que guarda buena amistad desde entonces. Es la joven que más sabe de moda en el bosque, y necesita su opinión experta para el vestido que lucirá en Navidad. 
Rufina va distraída acompañada por el canto de los pájaros y el ir y venir de los vecinos del bosque. De camino al arroyo recoge unas bayas, a Ernestina siempre le gusta tomarlas con miel y algo de té. Seguro que éstas le van a encantar. 
Ya en casa de su amiga, le expone el motivo de la visita. 

- ¡Rufina, qué sorpresa! – Exclama Ernestina abrazando a la liebre- ¿Qué te trae por el arroyo? 
- Querida, he recibido carta de mis tíos, vendrán a pasar las Navidades a casa y no tengo nada decente que ponerme. Necesito tu consejo. 
- ¿Tus tíos? ¿Doña Jesusa y el señor Ramón? – Pregunta Ernestina- 
- Sí, ya sabes que son muy educados y no quisiera desentonar. 
- Pues entonces lo mejor es que hablemos con doña Petra, la araña que vive en la chumbera del camino, es una tejedora excelente y como cada estación viaja a la ciudad, siempre está a la última en cuestión de moda. 
- ¡De acuerdo! Me parece una idea estupenda, pero antes… ¿Qué te parece si tomamos un té con estas bayas que te he traído? – Propone la liebre- 

La mañana pasó entre risas y buena compañía. Doña Petra, como era de esperar, le propuso un vestido muy elegante para la cena especial y para el día a día, algunos más confortables a juego con toquita y gorro. Todo estaba listo para recibir a la familia y pasar unos días rodeada por el amor incondicional de los suyos. 
De vuelta a casa, don Matías le da las buenas tardes y le entrega un misterioso paquete. Al no estar en la encina, el cartero decidió dejarlo en casa del topo. 

- Gracias don Matías, usted siempre tan servicial – Dice Rufina- 
- ¡Oh, no hay de qué querida amiga! – Espero que sea una bonita sorpresa- 

Nerviosa cierra la puerta y se dispone a desenvolver el bulto rectangular. Aparece una caja sencilla, de madera de roble con unas letras que forman su nombre. Dentro, una tarjeta pequeña doblada en cuatro veces. Cuando la abre, el misterio se hace aún más grande: 

“Ahora que has abierto tu regalo, dobla esta carta y vuelve a abrirla el día de Navidad” 

Rufina se quedó pensando en el extraño mensaje pero obedeció. Guardó de nuevo el papel en la caja y la depositó sobre el mueble de la entrada. No sabía quién la enviaba ni por qué, pero merecía la pena descubrirlo. 


Los días fueron pasando y justo una semana antes de Navidad, llegaron los padres y los hermanos de nuestra amiga: doña Casilda y don Severo, junto a los pequeños Roque y Begoña. Fue maravilloso abrir la puerta y encontrarse con la familia, ¡oh ya lo creo! 

- Rufina, cariño, ¿qué te parece si salimos al bosque a recoger frutos y después adornamos la casa? – Propuso doña Casilda a su hija mayor. 

Así lo hicieron. Mientras, don Severo y el pequeño Roque se afanaban en cortar leña, preparar literas y disponer todo para la llegada del resto de familiares. Rufina y su madre aprovecharon para visitar a los viejos amigos y adquirir algunos regalos. A su llegada a casa, les esperaba una grata sorpresa y es que los chicos habían preparado una estupenda mesa con té y dulces para merendar. 


- ¡Papá, qué rico estaba todo! – Dijo Rufina regalando un beso extra grande a su padre- 
- ¡Eh Rufi! ¿Y yo qué? – Preguntó burlón Roque. 

El primer día junto a ellos había pasado volando y cuando nuestra querida liebre se fue a la cama, estaba tan cansada que solo tardó un segundo en dormirse. 
Al fin amaneció el 23 de Diciembre y los tíos de Rufina llegaron a casa; estaban contentísimos con su visita pues no se veían desde hacía dos años. Se instalaron y luego se fueron a dar un paseo por el entorno. Ya no nevaba, así que había zonas en el bosque donde la hierba aparecía brillante y apetecible. 
Los lebratos rápido hicieron buenas migas, de modo que esa tarde mientras en el salón se reía y se conversaba, en la habitación de juegos que don Severo había preparado para los pequeños, se tramaba una aventura. Pepino, Flor, Begoña y Roque tenían planes para el día siguiente. 

- Chicos, ¿habéis visto la casona que hay al otro lado de la cerca? – Preguntó Pepino- 
- Sí –Contestó Begoña- Pero mi hermana dice que no debemos ir porque hay muchos peligros allí. 
- ¡Oh Begoña, no seas aguafiestas! – Exclamó Roque- ¡Ya sabes que para los mayores todo es peligroso! 
- Entonces, ¿vamos mañana? –Preguntó de nuevo Pepino- 
- No sé chicos…, los papás y los tíos se enfadarán si se enteran – Se oyó la voz sensata de Flor- 
- ¡Ohhhhhhhhhh, Flor! ¡Las chicas sois unas aburridas! – Exclamó Roque poniéndose en pie- 
- ¿Ah sí? –Contestó Flor- ¡Pues mañana seremos las primeras en entrar en la casona! 

Y tramando su aventura, les sorprendió la noche y con ella…, el sueño. 

El día de Nochebuena apareció nevando, así que la chimenea ardía desde muy temprano en el salón. Rufina, ajena a lo que sus hermanos y primos tramaban, fue a llamarlos para que bajaran a desayunar. 

- ¡Venga lebroncillos! ¡Hoy es Nochebuena! ¿Queréis que los Reyes Magos piensen que sois unos perezosos? ¡Que sepáis que sus pajes ya están dando vueltas para ver qué tal os portáis! 

Tocó a la puerta de la habitación de Flor y Begoña, pero no contestó nadie así que pensó que estaban dormidas y como eran días de vacaciones, decidió dejarlas un ratito más. 

- Oye Rufina, ¿los chicos no bajan? – Preguntó doña Jesusa al cabo de media hora- 
- Pues tía, creo que entraré y los despertaré, van a dar las diez de la mañana. 

La sorpresa al abrir las habitaciones fue mayúscula, ni rastro de sus hermanos y primos. Rufina fue a los armarios y vio que se habían llevado sus mochilas y los abrigos. Aquí pasaba algo raro. 
Preocupadísima bajó las escaleras a todo correr. 

- ¡Papá, mamá, tíos! ¡Los chicos no están en sus habitaciones! 
- ¿Cómo que no están? – Preguntó doña Casilda quitándose el delantal- Rufina, no es posible, tu padre y yo nos levantamos al alba, los habríamos visto salir. 
- Mamá, no están. – Repitió nuestra amiga- 

Ajenos a la preocupación de la familia, los pequeños hacía buen rato que habían llegado al borde de la cerca que separaba el bosque del territorio de los hombres. 

- Tengo hambre, chicos – Se quejó Flor- Podíamos comer un poco, estoy agotada de la caminata. 
-  Suerte que tuve la precaución de hacer buen acopio de provisiones en la despensa de la prima – Contestó Pepino- 

Nuestros amiguitos dieron buena cuenta de las viandas y tras trazar un plan para entrar en la casa, se lanzaron al ataque. 


Dentro de la casona habitaba un joven huraño que vivía apartado del pueblo. No le gustaba la Navidad y mucho menos los niños así que en aquel lugar, había conseguido la paz que decía desear. Tenía un perro con muy malas pulgas al que el resto de perros de la comarca no querían tener como amigo, así que eran tal para cual. 
Los cuatro aventureros lograron llegar hasta la ventana que daba al salón, se habían subido unos encima de otros y ahora Roque, que era el más pequeño, les contaba lo que sucedía en el interior de la casa. 

- Hay un hombre muy delgado y muy feo que está desayunando algo que humea, debe ser café porque está migando pan. A los pies hay un perro dormido, no parece peligroso. 
- ¡Déjame ver a mí, por favor! – Pidió Begoña- 

Se disponían a deshacer la torre cuando Pepino, que aguantaba el peso de todos, estornudó e hizo que sus primos se vinieran al suelo. El perro, al oír el estruendo salió corriendo de la casa. 

- ¿Qué pasa ahí afuera? – Preguntó el malhumorado joven- 

Los lebroncillos intentaron escapar por el lugar que vinieron, pero el can les cerraba el camino. 


- Chicos, no perdáis la calma – Acertó a decir Flor muy asustada- Todo saldrá bien. 

No terminó sus palabras cuando una oscuridad impenetrable se cerró en torno a las jóvenes liebres. 

- Bien amigo, creo que esta noche cenaremos carne – Dijo el joven enjuto levantando la bolsa en la que había atrapado a los incautos exploradores- 


Mientras, en la encina de Rufina todo era preocupación. Era ya la una y media del mediodía y ni rastro del personal menudo, así que habían decidido llamar a los amigos y organizarse por patrullas. Don Matías, el topo, encabezaba la que estaba compuesta por sus propios familiares y las ardillas. La coneja Ernestina había hablado con sus hermanos y se pusieron en marcha junto a los patos y la araña doña Petra, nadie mejor que ellos conocían tan bien los arroyos. Y por último, nuestros amigos. 
La nieve arreciaba y las voces de los buscadores se perdían llevadas por un viento fuerte y aullador. La búsqueda se hacía cada vez más difícil. 

- ¡Flooor, Pepino, Begoña, Roqueee! – Gritaban todos- 

Al pasar por el camino que lleva al pueblo, don Sebastián el búho, se sorprendió al ver a su amiga Rufina en un día tan desapacible. Teniendo en cuenta que además, era víspera de Navidad. 

- Rufina, querida… ¿Cómo es que salís en un día así? ¿Ocurre algo? Te veo preocupada. 
- Oh, don Sebastián, se trata de mis hermanos y mis primos, salieron esta mañana de casa y no han regresado. 
- ¿Te refieres a cuatro pequeñas liebres con mochila y abrigo de colegio? – Preguntó el búho bajando sus lentes- 
- Sí, ellos mismos. – Contestó don Ramón- ¿Les ha visto? 
- ¡Ya lo creo! Pasaron muy temprano por aquí, oí que una de las chicas hablaba de una casa…, y una cerca. No les escuché muy bien porque en ese momento me llamó mi mujer. 
- ¡Oh Dios mío! ¡La casa de don Ruperto! – Exclamó espantada Rufina- Ayer les llamó la atención cuando pasamos por la vereda. 
- Pues si se dirigían allí…, me temo querida amiga que necesitaréis ayuda para salvarlos de un futuro negro… - Dijo el búho- Iré con vosotros. 

Mientras, en casa del joven Ruperto, los lebratos permanecían dentro del saco. Intentaban por todos los medios rasgarlo con uñas y dientes, pero era de una lona tan fuerte que todo empeño era inútil. Para colmo, tenían poco espacio y se les hacía difícil respirar. 

- Chicos no teníamos que haber venido…. – Se lamentó Flor entre sollozos- 
- ¡Oh no seas llorica, Flor! Hay que trazar un plan para salir de aquí – Expuso Begoña- 

En la cocina, un gran caldero hervía con verduras. 

- Esto ya está, ahora pondré a esos conejos – Indicó el malvado hombre- 

Al oírlo, nuestros amigos se asustaron. 

- ¡No somos conejos! – Gritó Pepino- 
- ¿Quieres callarte? ¡No estamos en condiciones de tener discusiones de ese tipo ahora!– Zanjó Roque- 

En ese instante, Rufina y el resto de amigos llegaban a las puertas de la vivienda. Había que hacer algo rápido. Don Sebastián había observado la escena y si no actuaban, los pobres lebroncillos servirían de cena a ese majadero y su perro. Lo primero era precisamente, distraer al can. 

- Nosotros nos encargamos – Planteó Ernestina, la coneja- 

Se subió a la ventana y comenzó a golpear con sus manos, el perro al verla salió a toda mecha por la puerta. 

- ¡Chicos, corred! – Gritó Ernestina a sus hermanos- 

Don Severo estaba muy preocupado, aquello no saldría bien…. 

- Escucha cariño – Dijo la mamá de Rufina – Vamos a sacar a nuestros hijos y sobrinos de ahí, así que no te pongas triste. 

En ese momento a doña Petra se le ocurrió un plan. No había mortal que resistiera la cercanía de una buena araña y ella, era la más hermosa de la comarca. Se iba a enterar ese don Ruperto de lo que era un buen susto. Antes, preparó una cuerda bien larga con su resistente hilo. 
La araña se introdujo por la puerta que el perro al salir había dejado abierta, lentamente subió hasta la mesa de la cocina y se plantó detrás de don Ruperto, éste, fue a girarse para coger una botella de aceite justo cuando se encontró con doña Petra en posición feroz. Fue tal el susto que se llevó que trastabilló y cayó al suelo, momento que aprovecharon todos para entrar y reducirlo con la extraordinaria cuerda que doña Petra había tejido. El joven, al ver a los animales se desmayó, hecho que facilitó con creces la tarea. 


Imagen extraída de la web 

- ¡Estamos aquí! – Gritaron los cautivos al escuchar las voces familiares- 

Rufina deshizo el lazo que cerraba el saco y los pequeños salieron uno tras a otro, corriendo directamente a los brazos de sus madres. 

- Bien, ahora no hay tiempo para regañinas, hay que salir de aquí pero ya tendré una charla con vosotros, amiguitos. – Dijo Rufina cogiendo de la oreja a su hermano Roque- 
- ¡Ay, ay ,ayyy, mamááááá! – Se quejó el pequeño. 

A todo correr, se alejaron de la casa. En el camino se encontraron con Ernestina y sus hermanos, que habían conseguido burlar al perro y volvían por si necesitaban ayuda. Gracias a Dios, todo estaba ya resuelto. Los amigos no quisieron dejar solos a la familia, así que les acompañaron hasta la encina, sin embargo, a la llegada les esperaba otra desagradable sorpresa. Con las prisas habían dejado la puerta abierta y los ratones se habían comido la cena de Nochebuena. 

- Oh Dios mío…, es culpa mía por no haber cerrado el portón, fui la última en salir – Dijo pesarosa doña Jesusa- 
- No tía, por favor…, no te acuses. Ha sido mala suerte, nada más. Lo importante es que todos estamos a salvo – Dijo Rufina abrazando a su tía- 
- Y digo yo amigos – Propuso don Matías- ¿No es mucho más divertido pasar esta noche juntos en lugar de cada cual en su casa con su familia? 
- ¡Claro que sí! – Exclamó don Sebastián- Voy a por mi mujer, traeremos la cena. 


Y así, una a una, todas las amistades de Rufina fueron y volvieron con viandas para celebrar la noche de Nochebuena junto a ella y su familia. Nadie echó en falta nada, pues habían traído tanta comida que podrían haber invitado a todos los animales del bosque. 


Estaban bailando y riendo cuando el reloj del salón dio las doce de la noche y una pequeña caja de madera se iluminó sobre el mueble de la entrada. Rufina recordó lo que había leído en el papel que se contenía en ella y de nuevo la abrió expectante. Cuando lo hizo, la carta esta vez decía lo siguiente: 

“El verdadero Espíritu Navideño no está en los regalos, ni en las cenas, ni en los vestidos de fiesta, ni en los adornos. La verdadera Navidad está en el Amor que se desprende de la familia y los amigos. Feliz Navidad” 

Fdo: El Niño Jesús. 

PD: Me han dicho SSMM los Reyes Magos de Oriente que todos los habitantes del Guadiato habéis sido muy buenos. 

Y así fue como la liebre Rufina y su estupenda familia pasó las mejores Navidades de su vida. 
¡Feliz Navidad, amigos! 


jueves, 14 de diciembre de 2017

Claudia y el Espíritu de la Navidad.

Es sábado, pero no es un sábado cualquiera porque Claudia está en el campo haciendo lo que más le gusta: escuchar las historias del pueblo del abuelo y de esa yegua blanca donde paseaba a abuelita. Mientras todos se han marchado a hacer cosas de mayores, ella y el abuelito Claudio se han quedado cerca de la chimenea, con sus historias, con el chocolate y una buena dosis de palomitas. Sábado perfecto.
Pasan las horas y de repente Claudia se da cuenta de que el abuelo se ha dormido y la chimenea se está apagando. ¿Qué hacer? Tiene prohibido acercarse a ella porque las llamas son peligrosas, pero por otro lado, no puede permitir que abuelito se enfríe y se constipe. ¡Menudo dilema! Finalmente, como Claudia es una niña valiente, decide que va a poner un leño pequeño sobre las ascuas y de ese modo, solucionará el problema.. 
Con mucho cuidado se acerca, coge una rama seca de roble y cuando va a ponerla sobre las ascuas, ve como una luz nace del fondo de la chimenea. La niña se detiene, ¿qué es eso que se hace cada vez más grande e ilumina todo el salón? La luz va tomando una forma que Claudia conoce, es una puerta de madera, pero no es de madera, quiero decir que es toda de luz brillante. Ya no se ve el fuego, sólo la puerta abierta y al fondo un bosque nevado con un conejo que la saluda.

- ¡Claudia! ¡Vamos entra antes de que la puerta se cierre! ¡Date prisa, pequeña!- Le grita desde el otro lado-

La niña no se lo piensa dos veces, mira a abuelito que sigue durmiendo plácidamente y sin miedo  atraviesa la puerta, no sin antes coger su abrigo, sus guantes y un gorro que le había regalado mamá hacía unas semanas. 

- ¿Quien eres, conejo? ¿Y cómo es que conoces mi nombre? - Pregunta Claudia al animal-
- Soy una liebre, querida, no un conejo. Me llamo Rufina y vivo en Casa Encantada donde -dicho sea de paso- todos te están esperando.
- ¿En serio? - Pregunta Claudia con los ojos muy abiertos.
- Sí, te esperan porque eres la única que puede ayudar al mago Pirú a resolver un grave problema.
- Soy toda oídos. - Dice la niña interesándose en la historia de Rufina-
- Mejor que te lo explique él y de paso que me lo explique a mí, pues me ha encargado acompañarte sin saber nada más.  Sígueme y no te despistes, nos espera un camino largo y ya es de noche, ya  sabes que en el bosque de Casa Encantada hay peligros. ¡Eeeeen marcha, jovencita! - Dice la liebre levantando su mano derecha e invitando a caminar a la niña-

Tras media hora de difícil travesía, Claudia está agotada y congelada.

- ¡Rufina! ¿Podemos parar? Tengo mucho frío y estoy cansada - Dice la niña-
- Lo siento pequeña, es peligroso quedarse aquí. 

La liebre mira a la niña que tiene la nariz roja y piensa que es demasiado camino para un humano tan pequeño, así que llama a Pirú. Para ello, extrae de su zurrón una bolsa, dentro hay una rosa azul que al ponerle unos polvos brillantes se abre y aparece la cara del mago.

- Rufina, ¿cómo has hecho eso? ¡Es fantástico! - Exclama Claudia feliz-
- Magia, querida niña, ¡magia!
- ¡Hola Claudia! - Dice la cara de Pirú que ondula entre la rosa.
- ¡Hola Pirú! Encantada de conocerte, pero ¿no podrías hacer algo para que pudiéramos vernos sin tener que pasar este frío?

Pirú ríe ante el desparpajo de Claudia y a un movimiento de su báculo, liebre y niña aparecen en mitad de Casa Encantada. Son recibidas por Benito Mondanueces, un simpático ratón que se iba a la cama antes de que el mago le diese el encargo de recibir y acomodar a las invitadas.


Imagen extraída de la web.

- ¡Hola Rufina y compañía! - Dice Benito que habla mientras se come una nuez-

Claudia no puede parar de mirar al ratón, ¡es fantástico!, tiene unas zapatillas preciosas y un pelo esponjoso que dan ganas de achuchar. 

- ¡Hola Benito! -Saluda la niña-
- Bien, seguidme, Pirú os verá en seguida, pero antes me ha pedido que os lleve al comedor para que entréis en calor y repongáis fuerzas.

Siguiendo al ratón entraron en una amplia sala poco iluminada, sobre la mesa todo dispuesto como si supieran que siempre llegarían huéspedes. Sin embargo, se notaba tristeza en el ambiente, no había adornos de Navidad, ni los personajes que habitualmente viven en Casa Encantada estaban por allí. Claudia pensó que era una pena no poder conocer a Matilda, la lagartija. 

No dijo nada, se sentó y comenzó a comer, el frío le había despertado un apetito de lobo. La primera sorpresa llegó cuando intentó comerse un muslo de pollo que realmente era..., ¡una galleta!.

- Pero..., si no es pollo - Comentó Claudia asombrada-
- No -Contestó divertido Benito Mondanueces- Todo lo que hay en tu plato está hecho con legumbres, frutos secos, verdura y pasta, lo hacemos así para que sea más divertido. No debes dejar nada en el plato o Pirú te dejará sin dulces.

Rufina y Claudia devoraron todo lo que había en la mesa y cuando estaban a punto de dejarse vencer por el sueño, apareció Pirú. El mago era tal y como lo había visto en los cuentos y no podía contener la emoción de tenerlo tan cerca.

- ¡Claudia, Rufina! ¡Qué alegría veros! Querido Benito, puedes marcharte a descansar si así lo deseas, eres un magnífico anfitrión amigo mío. - Dijo Pirú al ratoncito que estaba que se caía de sueño-

Niña y liebre se abrazaron al mago, felices por poder ver al fin a un personaje tan querido y famoso para todos los habitantes de Casa Encantada. Tras los saludos, se sentaron en un cómodo sofá donde el mago les contó algo muy, pero que muy preocupante.

- Queridas amigas, si estáis aquí es porque necesito vuestra ayuda para resolver un grave problema.

- Somos toda orejas - Dijo Rufina agitando las suyas, gesto que hizo reír a Claudia-
- Bien, no me andaré con rodeos. El Espíritu de la Navidad ha sido secuestrado por un mago perverso que habita en el lado oculto de la felicidad. Es un lugar peligrosísimo, lleno de encantamientos y seres que intentarán robaros el amor al menor descuido.
- ¿Y qué aspecto tiene ese mago? - Preguntó la niña-
- Nadie lo sabe, pero adopta la forma de aquello que os da más miedo. - Contestó Pirú-

Claudia se asustó, no sabía qué hacía allí ni el motivo por el cual Pirú quería contar con ella en una aventura tan peligrosa.

- Querida niña - Dijo Pirú- Sé lo que estás pensando, pero no debes temer porque yo no me separaré de vuestro lado.
- ¿Qué pasará si no lo logramos? - Preguntó Rufina-
- Que nunca más habrá Navidad y ningún niño recibirá regalos la noche de Reyes, ni habrá adornos en el árbol, ni nieve en las montañas, ni nada que os recuerde ese maravilloso tiempo que nos reúne en torno a la familia y los amigos.

Niña y liebre se quedaron asombradas. ¿Quién podía ser tan malo como para secuestrar el Espíritu de la Navidad?

- Entonces..., creo que debemos ponernos en marcha lo antes posible- Propuso Rufina- Una pregunta, Pirú: ¿Por qué nosotras? ¿Por qué nos has elegido para esta aventura?
- Porque vosotras creéis en la magia de la Navidad.-Contestó el mago-

Claudia y Rufina se miraron y asintieron. Sí, ellas creían en la magia de estas fechas y por lo tanto estaban dispuestas a correr peligros si eso salvaba a la Navidad.

Durmieron plácidamente y a la mañana siguiente, partieron hacia la cara oculta de la felicidad. Justo salían por la puerta cuando Benito se unió a la comitiva.

- ¡Un momento! ¡Si hay que salvar la Navidad, yo me apunto! - Exclamó el ratón-
- Bueno..., pues creo que ya estamos todos lo salvadores de la magia - Dijo Pirú sonriendo- ¡En marcha, chicos!

Imágenes extraídas de la web

Estaba nevando tanto que casi no avanzaban, Pirú pensó que sería buena idea llamar a su amigo Béguven, -el mago blanco-, para que les enviase un trineo, sin embargo, ningún animal estaba dispuesto a llevarlos al otro lado de la felicidad. Preocupados y un tanto decepcionados, siguieron adelante.
Con mucho esfuerzo y la noche pisándoles los talones, llegaron a una cabaña en mitad de un lugar maravilloso. Parecía habitada porque las luces estaban encendidas y salía música de su interior.

- ¡Qué bien, Pirú! Podremos descansar y tomar algo en esa cabaña - Exclamó Claudia-
- No tan rápido amiguita... -La detuvo el mago- -Hace rato vengo observando fenómenos muy extraños en el bosque. He visto criaturas con ojos muy abiertos, unas aves de plumas plateadas que andaban hacia atrás y emitían el maullido de un gato. Creo que hemos entrado en territorio de encantamientos y tenemos que extremar las precauciones, así que no os separéis de mí. Esa casa, si mi instinto no me falla, puede ser una alucinación.

Rufina, Benito y Claudia se asustaron, no esperaban que aquello fuese posible y deseaban en lo más profundo de sus corazones, que el mago estuviera equivocado.
Pirú se acercó a la puerta y dio tres golpes con el báculo. Nadie respondió.

- ¿Y si entro yo? - Preguntó Benito- Soy pequeño, no me descubrirán.
- Ni hablar, si esto es un encantamiento y desaparece cuando estés dentro, tú también desaparecerás para siempre.

Volvió a golpear la puerta y esta vez se abrió. Al fondo, una mesa llena de manjares y una chimenea encendida. Pirú no pudo contener a sus amigos.

- ¡No toquéis nada! ¡Es peligroso! - Les gritó-

En ese momento, una sombra oscura se proyectó sobre ellos y Pirú obligó a Claudia y a los pequeños a salir de allí pitando. Nada más poner un pie fuera de la casa, el bello entorno que habían visto hacía unos minutos, desapareció. En su lugar, una casa destartalada y un bosque tenebroso les daban la bienvenida.

- ¡Dios mío! - Exclamó Claudia- ¡Esto es horrible!

Benito corrió a esconderse en el bolsillo del mago y Rufina saltó a los brazos de su amiga. Detrás de Pirú, la sombra negra emitió un rugido.

- ¡Atrás mago tenebroso! - Gritó el mago agitando el báculo y creando una nube blanca que protegía a sus amigos-
- ¿Qué habéis venido a buscar aquí? - Dijo una voz metálica desde el fondo de la nube negra-

- Chicos, es Óminor, el mago de la cara oculta de la felicidad -Susurró Pirú- Ni se os ocurra pensar en nada que os dé miedo o tomará esa forma. Por favor, pensad en algo alegre, os lo ruego.

La sombra se agitó y un trueno ensordecedor tapó las últimas palabras de Pirú. Rufina estaba temblando y Claudia temía que pudiera estar pensando en algo malo.

- ¡Aguanta Rufi! ¡Piensa en las flores de Casa Encantada! Y tú Benito, en las nueces ¡Sed fuertes, chicos!

De nuevo la nube habló.

- ¡Mago Pirú! Si no me dices qué hacéis aquí, tus amigos y tú desapareceréis para siempre. Me encargaré de que mis criaturas os trasladen a la peor cárcel que podáis imaginar, una que os roba la memoria de los días alegres y os sume en la tristeza eterna.

En ese momento, Claudia no pudo evitar pensar en sus papás y en los abuelitos, en cuánto los quería y echaba de menos. No podía permitir que un mago malo se interpusiera en su aventura y mucho menos que le impidiera volver a casa.

- ¡Escúchame tú, Óminor! ¡Mago viejo y malhumorado! - Gritó Pirú- ¡Te exijo que liberes al Espíritu de la Navidad o te las verás conmigo y lo peor de mi carácter!

La nube rió con esa risa tenebrosa y heladora.

- ¿De verdad pensáis que yo he secuestrado vuestra patética Navidad? ¡Habéis sido vosotros! ¡Humanos insensatos! - Gritó mientras un dedo negro de humo se proyectaba sobre Claudia- ¡Habéis dejado de creer en la magia y por eso el Espíritu os ha abandonado!

Todos se miraron ¿Cómo era posible? El Espíritu de la Navidad había abandonado a los humanos porque ya no creían en él. Era la peor noticia que podían recibir.

- ¡No te creo, mago cascarrabias! - Le espetó Pirú-

En ese momento, la nube comenzó a tomar un color verdoso, como de hojas redondeadas que se mezclaban con pequeñas bolitas de color blanco. ¡El mago malo se había transformado en una gigantesca coliflor! 

- Pero..., ¿se puede saber quien está pensando en una coliflor? - Preguntó Benito- 
- ¿Una coliflor os da miedo? - Se giró Pirú mirándolos a todos con cara divertida-
- Esto..., chicos, he sido yo. - Contestó Claudia mirando extrañada al enorme vegetal-
- ¿Tienes miedo de eso? - Le preguntó Rufina-
- ¡Oh, no! ¡Pero odio comerla! ¡No me gusta nada! Pensando en cuánto echaría de menos a mis papás si no conseguía regresar, no sé por qué se coló la imagen de todos comiendo y de esa horrible verdura sobre la mesa. ¡Detesto comer coliflor!
- Pero.., ¿estás loca? - Habló Rufina- ¡A mí me chiflan! ¡De hecho me cuelo siempre que puedo en el huerto de tu abuelo y me las como!
- ¿Que te comes las coliflores del abuelito Claudio? ¡Pero Rufina eso es estupendo! ¡Debes comértelas todas! - Contestó la niña-
- Bueno, bueno, a ver que yo me entere. Así que tú eres quien se lleva la verdura del huerto del abuelo de Claudia - Dijo Benito- Pues eso no está bien.
- ¡Ahhhh! ¡Pero llevarte las nueces de la despensa de Casa Encantada si está bien! ¿Verdad Benito? - Dijo Pirú- Y por cierto, Claudia: ¿Has probado a poner mayonesa a la coliflor? Reconozco que a mí tampoco me gusta mucho -
- Es que donde se pongan las nueces...Especialmente si son sustraídas con sigilo y llevadas a una cómoda ratonera de Casa Encantada.
- ¡Benito! - Exclamó Claudia- Jajajajaja ¡No se debe hacer eso!
- En realidad prefiero las zanahorias - Contestó Rufina-
- ¡Estoy de acuerdo! - Sentenció Pirú apoyado despreocupadamente en su báculo-
- ¡BASTAAAAAAAAAAAAA! - Gritó la enorme y horrible coliflor que tenían a sus espaldas- ¿Es que no vais a parar de parlotear? ¡Marchaos de aquí antes de que os convierta a todos en abono para el bosque!

De repente, el vegetal volvió a tomar forma de nube negra y tenebrosa.

- Vaya.., qué mal genio se gasta este mago - Apuntó Claudia-
- ¡Marchaos! ¡Ya! - Volvió a gritar la nube-
- Una cosita, Óminor - ¿Alguna idea de por dónde continuar? - Preguntó el mago Pirú-

De nuevo, un humo negro en forma de dedo se proyectó apuntado al este y el paisaje cambió alrededor de los salvadores de la Navidad.

- ¡Oh, gracias! ¡Creo que en el fondo tu fama es inmerecida! - Dijo Pirú quitándose el sombrero y saludando a la nube que se desvaneció entre los árboles- Bien, ¡sigamos el indicador!

El grupo se puso en marcha y no habrían andado ni medio kilómetro cuando un precioso trineo tirado por un caballo aguardaba su llegada. Al fin el mago Béguven accedía a los deseos de Pirú y enviaba un medio de transporte adecuado.

- ¡Oh, qué maravilla! - Exclamó Benito- 
- Bueno, peque, no te quejes porque has venido todo el camino de bolsillo en bolsillo - Dijo Claudia al ratón-

El camino en trineo se hizo cómodo y la niña y sus amigos durmieron toda la noche al calor de uno de los hechizos de Pirú, que veló sus sueños hasta la mañana siguiente.
Estaban desayunando bajo un cielo precioso cuando algo llamó la atención de Rufina.

- Amigos, ¿qué es eso que se mueve detrás de los arbustos? 
- Esperad, iré a echar un vistazo -Propuso Pirú-

Al despejar unos matorrales, un enorme dragón salió al paso del mago. El caballo que tiraba del trineo se asustó y salió corriendo dejando al grupo sin medio de transporte y sin provisiones. 

- ¡Atrás, atrás! ¡Este es un enemigo demasiado poderoso!- Gritó Pirú-
- ¡Dios mío es enorme! - Exclamó Claudia asustada-
- ¿Alguien ha tenido una pesadilla esta noche? -Preguntó el mago mientras agitaba su báculo para que el animal no se acercara-
- ¡Yo! - Contestó Benito- Tengo mucho miedo a los dragones porque la lagartija Matilda se pasa la vida diciéndome que su tío es un dragón que vendrá a chamuscarme si no comparto con ella las nueces.
- Vaya, vaya con la lagartija.... - Susurró Pirú- Creo que a la vuelta tendré unas palabritas con ella.

En ese momento, el dragón escupió una gran bola de fuego que derritió toda la nieve que había a su alrededor.

- ¡Detrás de mí! - Gritó Pirú a la niña y a sus amigos-

Del báculo del mago salió como una pantalla invisible a ojos humanos que impedía al dragón acercarse y contra la que chocaban sus llamas.

- Mi hechizo no durará demasiado - Dijo mientras intentaba proteger al grupo-

Sin pensárselo dos veces, Claudia salió corriendo en dirección al dragón.

-¡Yo no te tengo miedo! ¡No eres más que la pesadilla de un ratón!
- ¡Claudia noooo! - Gritó Pirú que fue tras ella-

Una enorme lengua de fuego pasó por lo alto de la niña, que a tiempo, pudo agacharse y cubrirse con la nieve.

- Vaya, ¡pues sí que tiene leña en la chimenea el bicho este! -Dijo la niña sorprendida-
- ¡Lo distraeré mientras Pirú idea su hechizo! - Propuso Rufina-
- ¡No! ¡Yo iré! Es mi pesadilla, al fin y al cabo yo os he metido en esto - Dijo Benito que no dio tiempo a que ninguno de sus amigos pudiera impedir su temeraria decisión-

El ratón corrió en dirección al dragón que estaba cada vez más enfadado. Mientras, el mago recitaba en voz baja unas frases que nadie entendía y Rufina se desesperaba pensando que al final, Benito caería en manos de aquel enorme animal. Sin embargo, no contaban con la inteligencia del pequeño ratoncito que se encaramó en la cola de su pesadilla y comenzó a corretear por ella causándole unas cosquillas terribles. Intentando quitarse de encima al roedor, el dragón en un giro imposible perdió el equilibrio y cayó sobre la nieve, momento que Pirú aprovechó para lanzar un hechizo que los hizo muy, muy pequeños, tanto que eran invisibles a ojos del temible enemigo.

- ¡Corred! - Gritó el mago-

Y el grupo se introdujo por un agujero que había bajo un árbol, atravesando un largo túnel que los llevó por caminos llenos de raíces y animales que en condiciones normales, no serían más grandes que un céntimo. Anduvieron bajo tierra un largo trecho hasta que toparon con un nuevo enemigo y esta vez, no era una pesadilla, sino una araña que les cerraba el paso y se relamía ante el inesperado desayuno que se le ponía por delante.

- ¡Qué miedo! - Gritó Rufina-
- Tenemos un problema, no podemos volver a nuestro tamaño normal hasta que salgamos del túnel y no podemos retroceder y encontrarnos con el dragón - Dijo Pirú preocupado-
- No hay ningún problema, chicos, dejadme a mí. - Habló Claudia muy segura-

La niña se adelantó a sus amigos y en un rápido gesto enganchó la pata de la araña que no lo esperaba y se quedó paralizada.

- ¡Ayudadme! - ¡Necesito que me deis el resto de patas! -. Gritó Claudia-

Mago y animales corrieron hacia la araña y se engancharon de sus patas, una a una se las fueron pasando a la niña sin que la enemiga pudiera hacer nada y antes de lo que esperaban, las había anudado todas y el animal yacía inmovilizado en el suelo.

- ¡Arañas a mí! Mi abuela Antoñita me enseñó a hacer los nudos con los que ataba las morcillas en su comercio de La Parrilla. ¡No se me resiste ni uno! - Dijo la niña toda orgullosa por su hazaña- 

- Increíble... -Susurró el mago- Tienes que enseñarme ese truco, querida Claudia.
- ¡Eso es cosa de abuelita, Pirú! 

Todos rieron mientras avanzaban por el túnel.

- Rápido, tenemos que salir de aquí antes de que la araña logre desatarse - Dijo Rufina que iba en cabeza-

Lograron ver una luz y sin tiempo que perder salieron al exterior donde les esperaba una agradable sorpresa: el trineo y el caballo aguardaban bajo el árbol del que acababan de salir.

- ¡Yupiiii! ¡Volvemos a tener medio de transporte! - Exclamó feliz Claudia-
- ¡Y comida! - Añadió el ratón-
- Por Dios, Benito, ¿es que no puedes pensar en otra cosa? - Preguntó Rufina-

Volvieron a coger el trineo y acabando el día llegaron a un castillo hermoso, cubierto de un cielo brillante y encendido que dejó a los amigos con la boca abierta de asombro. 



- Y aquí es donde vive el Espíritu de la Navidad - Explicó Pirú mirando el castillo-
- ¿Y cómo lo reconoceremos? - Preguntó Claudia.
- Mira arriba, es la estrella más hermosa de cuantas ves -Contestó el mago-

Caminaron hasta las mismas puertas del castillo y una vez allí, una amable señora recibió a los viajeros.

- Pasad, os estábamos esperando - Dijo sonriendo- Seguidme.

Atravesaron unas bonitas estancias decoradas con motivos navideños, allí parecía que la Navidad durase todo el año aunque en el ambiente no había felicidad. Pequeños elfos iban de acá para allá  como si aburridos no tuvieran nada que hacer, otros permanecían sentados frente a la chimenea mirando las llamas. Se les veía tristes y cabizbajos, pero al paso de Claudia la sonrisa se prendía en sus rostros.

- ¡Es una niña! - Susurraban entre ellos sonrientes-

- ¿No deberían estar haciendo juguetes? - Preguntó Benito a Pirú- Son los elfos de Papá Noel, ¿no?
- Sí, pero si los humanos ya no creen en la magia, ellos no tienen trabajo.
- Lo que significa que la mitad de niños del mundo no tendrán regalos este año - Aclaró Rufina-

En la sala siguiente había tres tronos vacíos, a Claudia se le encogió el corazón porque sabía perfectamente a quienes pertenecían.

- ¿Son los tronos de los Reyes Magos? - Preguntó preocupadísima a la señora que los guiaba-
- Así es hijita, pero este año no han venido.
- Lo que significa que la otra mitad de niños del mundo, este año no tendrá regalos - Volvió a aclarar Rufina-
- Tal vez podamos arreglarlo, no desesperéis - Habló Pirú animando a sus amigos-

Por fin salieron a una terraza sobre la que lucía la más hermosa estrella de cuántas habían visto jamás.

- Mmmm, ¿quien anda ahí? -Dijo la estrella despertando de su sueño-
- Espíritu de la Navidad, soy el mago Pirú y estos son mis amigos: Benito, Claudia y Rufina.
- ¿Eres humana? - Preguntó la estrella a la niña-
- Así es, Espíritu, hemos venido a rogarte que vuelvas a iluminarnos por Navidad.
- No puedo, querida niña, habéis dejado de creer en mí y ya no pinto nada en la vida de los humanos.  Ellos pasan sus días mirando las pantallas de los teléfonos y se olvidan del cielo que hay sobre sus cabezas. Algunos, se ríen de los pocos que aún tenéis esperanzas y eso..., me pone muy triste.
- ¡Oh, no! ¡Te juro que no todos hacemos eso! Y si nos abandonas a los que creemos en ti, el mundo será un desastre. - Dijo la niña-
- ¿Y qué me ofrecéis a cambio para que regrese? - Preguntó la estrella-
- ¿Te sirve mi amor? - Contestó Claudia extendiendo las manos hacia adelante- Te ofrezco mi amor, todo el que siento por mi familia y amigos, todo el que siento por Pirú y mis entrañables Rufina y Benito. Todo el que guardo en el corazón para los abuelitos. Mi corazón está lleno de amor y yo te lo ofrezco, no tengo nada más.
- El amor de un sólo niño en el mundo debería ser suficiente - Dijo Pirú- Pero te ofrezco mi magia y mi ayuda para protegerte.
- Por si no lo es - se adelantó Rufina- Te regalo mi amor por el bosque-
- ¡Y yo te regalo mis nueces! -Gritó Benito dando un salto.

La intervención de Benito hizo a reír a todos, incluida la estrella.

- Vaya, vaya..., me habéis convencido - Sonrió el Espíritu de la Navidad-
- ¡Biiiiiiieeeen! -Exclamaron Pirú y sus amigos dando saltos de alegría-
- Oh, oh.., tenemos un problema -Dijo Claudia-
- ¿Sí? ¿Cuál? -Preguntó Benito-
- Quedan dos semanas para Navidad y ni Santa Claus ni los Reyes Magos han venido. - Contestó la niña-
- ¡No hay nada imposible para el Espíritu de la Navidad! Mirad abajo -Habló la estrella-

En la puerta del castillo había aparcado un trineo con renos y tres camellos.

- ¡Son ellos! - Gritó Rufina loca de alegría-
- Y ahora si me disculpáis, tengo que expandirme para llegar a todos los rincones del mundo. Gracias por haberme convencido y recordad: La Navidad no son las luces y el árbol, ni los regalos, ni la comida..., la Navidad es el amor que os tenéis los unos a los otros, la Navidad es recordar a los que ya no están y saber que nos miran desde el cielo, la Navidad es reunirse en torno al Niño Jesús para pedirle que nos haga mejores personas, la Navidad es ... AMOR.

Y dicho esto, una explosión de luz iluminó la noche y todo se cubrió de hermosas estrellas hasta el fin del mundo y más allá. Sobre sus cabezas se formó un corazón de polvo de estrellas que los avisó de algo que sintieron muy adentro: ¡La Navidad había llegado!



Bajaron corriendo por las escaleras y se dieron cuenta de que todo en el castillo había cambiado. Los elfos de Santa trabajaban en un taller mientras otros le ayudaban a leer las cartas de los niños, no había tiempo que perder. En otra sala, los Reyes Magos recibían sus cartas sentados en los tronos mientras los pajes fabricaban los regalos. ¡Todo volvía a la normalidad!


- ¡Qué maravilla! ¡Mira Pirú! - Decía Claudia señalando a todos lados-

La señora que los acompañó a la terraza, los llevó también de vuelta al trineo, pero no al que habían traído, esta vez volverían a Casa Encantada en un trineo muuuuy especial.

- ¡Es el trineo de Santa Claus! - Exclamó Pirú al verlo-
-  Sus Majestades ofrecieron los camellos, pero al final decidieron que el trineo sería más cómodo - Aclaró la señora misteriosa-
- ¡Oh por Dios, esto no se lo van a creer mis amigos cuando lo cuente en el cole! - Contestó la niña-

Montaron felices en el trineo mientras salían a despedirlos el mismo Papá Noel, sus elfos y Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, que sin que Claudia lo supiera, le habían entrado en el bolsillo del pantalón una carta. 
El trineo tenía algunos paquetes, regalos para todos por adelantado de parte de los magos de la Navidad. ¡Por devolverles el trabajo! Les habían dicho.

- ¡Aaaaaaaaaarriba! - Exclamó Pirú mientras los renos se elevaban por el cielo- 


De regreso a Casa Encantada, Claudia ayudó a decorar al casa, ¡Santa le había regalado un vestido y unas medias alucinantes!


Y cuando estuvo todo en orden, se despidió de sus amigos para regresar a su casa y retomar la vida justo donde la había dejado, junto a la chimenea.

- No me gustan las despedidas - Dijo Claudia apenada-
- ¡No lo es! Ahora que sabes cómo venir a Casa Encantada, te esperamos cuando quieras y si no..., siempre puedes utilizar esto.

Pirú le entregó la rosa mágica con la que podía comunicarse con él. La niña abrazó a todos y regresó por la chimenea. El abuelito Claudio seguía dormido y eso era estupendo porque así no vería la cantidad de regalos que traía y pudo colocar estratégicamente. Luego miró el reloj y comprobó que había pasado media hora desde su marcha. Estaba encantada con la magia, había vivido días fueras y en casa sólo habían pasado unos minutos.
Tapó bien al abuelo para que no se constipara y se sentó junto a la chimenea, de repente sintió algo en el bolsillo, era la carta que Sus Majestades: Melchor, Gaspar y Baltasar le habían entregado sin que se diera cuenta.

"Para Claudia, la princesa de la Navidad:

Querida niña, guarda esta carta para siempre, en ella encontrarás esperanzas cuando pienses que ya no quedan, cordura cuando el mundo parezca volverse loco y un poco de locura cuando las cosas se pongan demasiado serias.
Cada letra que lees está escrita con paciencia, para que te guíe en la vida. La tinta es sabiduría, traída desde la estrella más brillante del cielo y el papel es el soporte del mundo: EL AMOR. Guarda el amor en el corazón pues de uno enorme naciste tú, el de mamá y papá. Sí, los dos forman un solo corazón que un día te soñó y de ese sueño hermoso viniste al mundo.
Cuida la vida que te rodea, ama a las personas, respeta a los animales y a la Naturaleza pues todo lo creó Dios para ti y tú tienes la responsabilidad de dejarlo a los demás como él te lo entregó. La vida es hermosa, disfrútala, Claudia.

SSMM Los Reyes Magos de Oriente: Melchor, Gaspar y Baltasar.

P.D.: Sabemos que has sido buenísima, prepara agua para los camellos y unos dulces para nosotros, pasaremos por casa la noche del 5 de enero, ¡y estaremos hambrientos!. Un beso grande"




Con cariño para mi sobrinita Claudia, para que nunca, nunca, nunca deje de soñar y el Espíritu de la Navidad la visite cada año de toda su vida.
¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!


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